Opinión | A fuego lento
Suspenso en gestión de emergencia

Bomberos en Mérida durante la borrasca. / Javier Cintas
Espero que no hayan sufrido ustedes muchos estragos tras el paso de la borrasca Kristin que ha vuelto a poner de manifiesto nuestra propia vulnerabilidad ante estos fenómenos meteorológicos que cada vez se repiten con mayor asiduidad. Pero permítanme que les diga que parece que no aprendemos.
Pareciera que a nuestros gobernantes se les ha olvidado demasiado pronto lo que sucedió trágicamente en la DANA de Valencia, en gran medida por la descoordinación, ineptitud e inacción de quienes tenían que avisar a la población y garantizar su seguridad.
El martes a las 22:00 la Consejería de Educación envió un mensaje anunciando que se anulaban las clases al día siguiente, con el consecuente descalabro en la organización doméstica de miles de familias que se enteraron a última hora del día que no habría clases. ¿Es tan difícil ponerse en la piel de las familias trabajadoras? ¿Es necesario esta falta de previsión constante? Lo más preocupante de todo es que con el anuncio de la AEMET de la aviso naranja por viento a las 11.30 de esa misma mañana, se tardó casi 10 horas en tomar la decisión de anular las clases. Y yo creo que mucha gente se preguntó cómo podía ser que se anularan las clases por el evidente peligro que suponía trasladar a los escolares a sus centros educativos y no se planteara prohibir o dar todas las facilidades al resto de trabajadores para no tener que jugarse la vida. También es incomprensible cómo desde la propia administración no se informó a las familias trabajadoras de que tenían derecho a acogerse al permiso climático, que precisamente está para estos casos.
Es bastante increíble pensar que no existen protocolos claros aún cuando estamos viendo que los fenómenos meteorológicos intensos están a la orden del día. Si se anulan las clases es más que evidente que las familias trabajadoras tienen que acogerse, o bien, al teletrabajo, o bien poder optar a un permiso ante causas de fuerza mayor
¿No les pareció a ustedes un poco tarde que se enviara la alarma ES-ALERT a las 9:30 cuando desde las 6 de la mañana estábamos ya sufriendo los vientos huracanados? Pareciera más una manera de cubrir el expediente que una intención real de poner a la población sobre aviso de la amenaza cuando se había obligado a los trabajadores a acudir a sus puestos de trabajo en medio de lo peor de la borrasca.
Es bastante increíble pensar que no existen protocolos claros aún cuando estamos viendo que los fenómenos meteorológicos intensos están a la orden del día. Si se anulan las clases es más que evidente que las familias trabajadoras tienen que acogerse, o bien, al teletrabajo, o bien poder optar a un permiso ante causas de fuerza mayor, y que ante vientos de 150 km/h ningún trabajador pueda poner su vida en riesgo. Ha sido una suerte del destino, no por la labor del Ejecutivo extremeño, que no pasará nada grave en nuestra región, y que todo se haya quedado en daños materiales.
El negacionismo climático también lleva a falta de previsión y a gestiones homicidas como las que tuvieron lugar durante la DANA. O nuestros gobernantes se ponen las pilas o seguiremos viendo cómo son incapaces de gestionar las próximas catástrofes climáticas, y ojalá lo hagan pronto, porque sino ¡lo pagaremos caro!
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