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Opinión | Tribuna

La falsa dicotomía entre Almaraz y renovables: amenaza de apagón

Mientras países como Estados Unidos, Francia, Suecia, Japón o Polonia construyen nuevos reactores o amplían la vida útil de los existentes, España mantiene un calendario de cierre implacable

Una cigüeña anida en el embalse de Arrocampo, frente a la Central Nuclear de Almaraz.

Una cigüeña anida en el embalse de Arrocampo, frente a la Central Nuclear de Almaraz. / EL PERIÓDICO

Si bien la esfera internacional gira de nuevo hacia la energía nuclear como pilar de una descarbonización segura y estable, España mantiene su hoja de ruta para cerrar todas sus centrales antes de 2035. La próxima será Almaraz, en Extremadura, cuyo cese está previsto entre 2027 y 2028, si no hay cambio de política.

Un reciente informe encargado por Greenpeace a dos investigadores (uno de ellos exasesor de la Presidencia del Gobierno) defiende esta decisión como la opción «más eficiente, más limpia y más barata» para el mercado eléctrico. Sin embargo, el documento revela importantes limitaciones en sus hipótesis y, por ende, en sus conclusiones. El problema no reside tanto en su análisis numérico como en su enfoque, al plantear un dilema inexistente entre nuclear y renovables. Realmente, ambas son necesarias y se complementan.

El contexto internacional

Dicha pesquisa no se enmarca en el contexto geoestratégico internacional. Mientras países como Estados Unidos, Francia, Suecia, Japón o Polonia construyen nuevos reactores o amplían la vida útil de los existentes, España mantiene un calendario de cierre implacable sin haber aprendido de la experiencia alemana. El canciller Merz ha calificado la clausura como «error estratégico» que ha provocado «la transición energética más cara del mundo». La Comisión Europea clasificó la nuclear como verde dentro de su taxonomía de inversiones.

En un mundo que combina renovables con tecnologías firmes libres de carbono, ¿puede permitirse España renunciar unilateralmente a una fuente estable sin haber resuelto los desafíos del almacenamiento y la intermitencia? ¡Claramente, no!

El documento parte de una premisa restrictiva: prolongar Almaraz «bloquea» el desarrollo de fotovoltaicas y aerogeneradores, pues al mantener una producción «no flexible», se impide que la solar o la eólica entren en el sistema en determinadas horas, constituyendo «vertidos energéticos».

Un diagnóstico erróneo

Pero esta interpretación es incompleta. Los vertidos no se deben a la nuclear, sino a la falta de capacidad en la acumulación eléctrica, redes inteligentes o interconexiones para aprovechar los excedentes. Cerrar una fuente baja en emisiones, amortizada y constante, para evitar pérdidas puntuales no resuelve el problema real. Se basa en un error de diagnóstico.

Los sistemas eléctricos más robustos no excluyen tecnologías. La nuclear aporta estabilidad, previsibilidad e inercia frente a los vaivenes del viento y del sol. Las renovables no pueden cubrir por solas una demanda creciente sin respaldo firme.

Una de las afirmaciones más llamativas del informe es que prolongar Almaraz supondría un sobrecoste de 3.800 millones de euros en la factura eléctrica y una pérdida de hasta 26.000 millones en futuras inversiones de transición. Pero estos cálculos parten de supuestos discutibles. No se compara adecuadamente el coste operativo de una planta amortizada y sin deuda con el desembolso necesario para instalar nuevos volúmenes de renovable, baterías y redes. Asimismo, no consideran modelos híbridos, aplicados en Francia o Suecia, lo que supone una ruptura abrupta del sistema.

Sustituir una tecnología fiable y relativamente asequible por otras que aún requieren grandes inversiones iniciales puede tener el efecto contrario al buscado: encarecer el precio de la luz. Todavía más si el respaldo inmediato termina siendo el gas.

Riesgos estructurales

El informe tampoco analiza con rigor los riesgos estructurales que conlleva eliminar la nuclear. ¿Qué ocurrirá en días sin viento ni sol? ¿Cómo se cubrirá la demanda nocturna durante olas de frío o picos de consumo si no hay suficiente capacidad de almacenamiento?

Además, simplifica el crecimiento previsto de la demanda, que estima en un 1,2 % anual, sin tener en cuenta el aumento real de la población (más de tres millones en la última década). Tampoco contempla el salto estructural que provocará la digitalización, el auge de los centros de datos, la electrificación del transporte o la climatización. Cerrar 2 GW de generación firme justo antes de ese incremento es una apuesta temeraria que llevará a depender más del gas y a emitir más CO₂.

El precedente del apagón

Tenemos precedente: el año pasado un apagón dejó sin suministro a millones de ciudadanos y paralizó infraestructuras críticas en todo el país. Según Red Eléctrica, el incidente estuvo relacionado con una baja inercia del sistema en un contexto de alta penetración renovable y falta de generación estable. La nuclear aporta funciones esenciales (control de frecuencia, soporte a la red, estabilidad instantánea) que las fuentes alternativas aún no pueden reemplazar. Eliminar esa base sin opciones suficientes nos expone a fallos mayores.

España ha sido pionera en solar y eólica, y debe seguir siéndolo. Pero una política energética madura no puede construirse excluyendo tecnologías útiles, seguras y probadas. La transición no consiste en sustituir unas fuentes por otras alegando razones ideológicas, sino en construir un mix equilibrado, limpio y resiliente.

Mientras otros países integran nuclear y renovables para asegurar suministro y precios estables, España parece encaminarse hacia un modelo más vulnerable, más dependiente del gas y más expuesto a los vaivenes meteorológicos.

Un debate necesario

Desmantelar Almaraz no es una obligación técnica ni una exigencia climática. Es una decisión política. Y como tal, exige un debate serio, informado y realista. El estudio citado se basa en hipótesis parciales, lo que condiciona sus resultados y los orienta hacia un planteamiento sesgado e imprudente. Las renovables y la nuclear no son enemigas, sino aliadas en la descarbonización.

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