Opinión
El embalse de Alange es muy particular y no se llena igual que los demás

El embalse de Alange, en una foto de archivo. / EUROPA PRESS
Muchos se preguntan por qué la presa de Alange se sitúa hoy por debajo de la capacidad porcentual media otros grandes embalses extremeños, pese al actual ciclo húmedo. No es una anomalía, sino estrictamente geografía.
Ese comportamiento sólo puede entenderse si miramos su territorio. Alange no depende de grandes cabeceras montañosas ni de zonas de elevada pluviosidad, sino de la subcuenca del río Matachel, afluente por la margen izquierda del Guadiana. Esa diferencia, que se suele descuidar en el debate público, es determinante.
El Matachel nace en las proximidades de Azuaga, en el extremo meridional de Sierra Morena, y recorre íntegramente la provincia de Badajoz hasta desembocar cerca de Don Álvaro, en las inmediaciones de Mérida. A lo largo de su curso divide prácticamente en dos mitades la comarca de Tierra de Barros y constituye su principal eje fluvial, tanto desde el punto de vista físico-natural como histórico. En su tramo final queda regulado por la citada presa, justo antes de incorporarse al colector principal, lo que la convierte en pieza clave de la cuenca media.
Ahora bien, la morfología de la red hidrográfica del Matachel dista mucho de la de otras zonas próximas. No estamos ante un relieve abrupto, de fuertes pendientes y elevada capacidad de generación de escorrentía sostenida. Predomina una orografía suavizada, casi plana, y un sistema de drenaje conformado por arroyos y riachuelos en su mayor parte estacionales. El régimen es típicamente mediterráneo: lluvias irregulares, con marcada estacionalidad y estiajes acusados que reducen el caudal a niveles testimoniales durante el verano.
Esa combinación tiene consecuencias directas. Cuando llueve con intensidad, el modelado responde con rapidez, pero no siempre con persistencia. Parte del agua se infiltra en los suelos, otra se distribuye de forma difusa por la Campiña Sur y la penillanura de Tierra de Barros, y solamente una porción llega de manera concentrada al muro de la presa. Es un espacio que lamina de forma natural, que amortigua y reparte. Y eso condiciona la velocidad y el volumen de las aportaciones.
A diferencia de embalses alimentados por las cabeceras de vertiente pacense como Cíjara o Puerto Peña, situadas en ámbitos de mayor altitud, el Matachel no posee una escorrentía procedente de macizos montañosos capaces de sostener desagües prolongados. Sus aportaciones dependen en gran medida de episodios concretos y de su distribución geográfica. Por eso puede ocurrir que el conjunto de la cuenca del Guadiana atraviese una fase húmeda y, sin embargo, Alange no registre incrementos proporcionales si las precipitaciones más intensas se concentran en otras subcuencas.
A diferencia de embalses alimentados por las cabeceras de vertiente pacense como Cíjara o Puerto Peña, situadas en ámbitos de mayor altitud, el Matachel no posee una escorrentía procedente de macizos montañosos capaces de sostener desagües prolongados. Sus aportaciones dependen en gran medida de episodios concretos y de su distribución geográfica. Por eso puede ocurrir que el conjunto de la cuenca del Guadiana atraviese una fase húmeda y, sin embargo, Alange no registre incrementos proporcionales si las precipitaciones más intensas se concentran en otras subcuencas
A ello se añade un factor climático que no conviene minimizar. La pluviometría media de esta zona es más modesta que las de las cabeceras serranas del Guadiana extremeño, y la evapotranspiración potencial es elevada. Además, el propio embalse, con su amplio espejo de agua, incrementa las pérdidas por evaporación durante los meses cálidos. En climas mediterráneos continentalizados como el nuestro, esa variable tiene un peso notorio en el balance anual.
Pero hay otra cuestión relevante que suele quedar fuera del análisis simplificado: la función que desempeña Alange dentro del sistema hidráulico del Plan Badajoz. No es el gran regulador estructural interanual sino una infraestructura de ordenación intracuenca, de abastecimiento urbano, producción hidroeléctrica complementaria y, sobre todo, laminación de avenidas antes de la confluencia con el colector principal. Esa función de seguridad implica que en determinados momentos se mantenga un resguardo operativo que limita su llenado máximo.
La experiencia reciente lo demuestra. En las fases húmedas de 2009-2010 y 2012-2013, cuando las lluvias fueron persistentes y generalizadas en el conjunto de la cuenca, el embalse alcanzó valores próximos al 100 % de su capacidad, superando los 810 hm³ (sobre un máximo de 852) y realizando alivios controlados. Es decir, cuando las condiciones hidrológicas lo permiten, Alange responde con claridad, aunque con la demora argumentada.
Por eso, el actual entorno del 50 % no debe interpretarse como síntoma de anomalía ni como indicador automático de escasez estructural. Obedece a una lógica natural: cuenca mediterránea, pendientes suaves, aportaciones irregulares, elevada evaporación y papel funcional específico dentro de un método jerarquizado de regulación.
Conviene, por tanto, introducir matices en el debate. Los porcentajes aislados dicen poco si no se contextualizan. Lo relevante es comprender la relación entre territorio, clima y función hidráulica.
En cualquier caso, los de 400 hm³ almacenados en la actualidad representan un volumen considerable (multiplican por veinte la capacidad de la presa del Guadiloba que abastece a la ciudad de Cáceres y su entorno durante tres años). Desde una perspectiva territorial y estratégica, ese volumen permitiría garantizar varias campañas del futuro regadío de Tierra de Barros (45 hm3 anuales) sin requerir aportes exógenos en escenarios medios.
La cuestión, por tanto, no es si el pantano está por debajo de otros en términos porcentuales. La cuestión estriba en entender qué significa realmente ese dato y qué margen ofrece para planificar con criterio. En esta comarca que aspira a aprovechar racionalmente sus recursos hídricos, el análisis debe preceder a la ideología. Y la decisión sigue siendo política y estratégica porque: un poco de Alange es mucho.
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