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Opinión | Tribuna

Cáceres

Bautizar las borrascas

Somos los humanos tan indefensos ante las fuerzas de la Naturaleza que lo único que podemos hacer es ponerles nombre y esperar que sean suaves y compasivas con nosotros, poniéndonos a salvo en la medida de lo posible

Si buceamos un poquito en internet, que lo sabe casi todo, podemos leer que la Universidad de Berlín pone nombre a las borrascas y a los anticiclones ya desde 1954. Pero en 2015, mucho más acá, empezaron a hacerlo también desde la Isla Esmeralda, Irlanda, Reino Unido y Países Bajos. Estos países se unieron en lo que se conoce como el Grupo Oeste Europeo, y elaboraron una lista para poner nombre a las borrascas que tuvieran gran impacto sobre ellos.

Por cierto, en 2017 se formó otro grupo integrado por España, Portugal y Francia, y más tarde también Bélgica y se denominaron el Grupo Suroeste Europeo. Este grupo es diferente al del Grupo Oeste y preparan listas con nombres diferentes. Esta lista del Grupo Suroeste se conforma con nombres masculinos y femeninos alternados en orden alfabético.

En el momento que un país genera avisos de nivel naranja o rojo, le da un nombre a esa borrasca, siguiendo el orden de la lista. Por ejemplo, Portugal ha dado el nombre de Gaetan, que venía después de la F de Filomena, a su borrasca del 20 de enero. A España le tocaba nombrar desde enero, así que el 6 de enero de 2026 bautizó a Goretti, a la del 16 Harry, a la del 20 Ingrid, la del 25 Joseph, la del 27 Kristin, la del 2 de febrero Leonardo, y la del 5 Marta, que acabamos de sufrir hace unos días. De hecho, la lista ya está confeccionada y aprobada, de tal manera que ésta próxima borrasca que ahora sufrimos se llama Nils, y la siguiente se llamará Oriana, y después Pedro, y luego Regina, y Samuel, y Therese, y Vitor y Wilma, como la mujer de Pedro Picapiedra.

En el momento que un país genera avisos de nivel naranja o rojo, le da un nombre a esa borrasca, siguiendo el orden de la lista

Somos los humanos tan indefensos ante las fuerzas de la Naturaleza que lo único que podemos hacer es ponerles nombre y esperar que sean suaves y compasivas con nosotros, poniéndonos a salvo en la medida de lo posible. Tenemos todos los jardines de las ciudades bien cuidados y preparados con árboles centenarios y, en un rato, llega Kristin y arranca de cuajo aquellos que Joseph dejó por arrancar. Mientras tanto, Leonardo y Marta están atiborrando de tanta agua a los ríos y pantanos por toda España, que hasta pueblos enteros han tenido que ser desalojados por el peligro que corrían sus vecinos.

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El Periódico Extremadura

Y eso que en la Península Ibérica hemos tenido siempre un portero infalible que paraba todas las borrascas que venían desde el Atlántico con ganas de hacernos daño. Todos le conocemos como el Anticiclón de las Azores y siempre ha dado buena cuenta de todo mal tiempo borrascoso y borrasquero que osaba acercarse a la costa oeste portuguesa.

Dicen los entendidos en la materia que esta costumbre de bautizar a las borrascas, es decir, de darles nombre, hace que la población esté más atenta a los avisos y recomendaciones que se dan sobre ellas que cuando carecen de nombre de pila. Posiblemente sea cierto lo que dicen los entendidos y sabios sobre este asunto, pero lo que sí está clarísimo y bien comprobado es que, cuando no tenían nombre y venía un tiempo malo, malísimo, nos limitábamos a echar la culpa al tiempo en general, pero desde que las conocemos por su nombre, no nos cortamos un pelo en maldecir a Harry, que fue él quien dejó los ríos desbordados fuera de sus lechos. Y ponemos a caer de un burro a Ingrid, y más a Joseph, y a la impresentable de Kristin, que precedió a Leonardo…

Ramón Gómez Pesado es exdirector del IES AlQazeres de Cáceres.

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