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Opinión | Día de la mujer

Marian García Fatela

8M: Frente al miedo y el retroceso, la brújula del feminismo socialista

Manifestación del 8M

Manifestación del 8M / Photogenic/Claudia Alba - Europa

El feminismo es un movimiento social, político y filosófico diverso que busca la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, así como la eliminación de las violencias de género. El socialismo es feminismo, nuestra lucha por la igualdad debe llenar las calles y gritar alto y fuerte, que seguimos en la lucha de las mujeres, en la lucha por la igualdad, en la lucha contra las violencias machistas.

El panorama actual nos devuelve un reflejo inquietante. Con los feminicidios en alza — 96 en 2025 y, 10 mujeres y 2 menores hasta febrero 2026 —, el pavor y el enfado se instalan en nosotras. Frente a este dolor, el negacionismo de la violencia machista, el blanqueamiento con frases vacías o simplemente, quienes hacen sorna del feminismo.

Resulta inevitable preguntarse cómo el fascismo ha vuelto a calar en nuestra estructura social. La respuesta no es solo ideológica, es profundamente psicológica. Cuando el lazo social se vuelve frágil y la angustia colectiva crece ante un futuro incierto, el psiquismo humano busca alivio. (Freud nos da pistas)

El fascismo ofrece tres operaciones seductoras pero peligrosas: simplifica el mundo: donde hay complejidad, propone enemigos claros. Pensar es costoso; odiar es rápido.

Promete protección: ante el desamparo resurge el anhelo infantil de un «padre protector» (Freud), un líder autoritario que encarna una fantasía de omnipotencia. Autoriza la agresión: Permite descargar la hostilidad bajo una máscara de «defensa propia» o «protección de los nuestros», generando una falsa ilusión de pureza.

No podemos caminar solas. Esta es una lucha de la sociedad en su conjunto que busca la excelencia de la humanidad. Necesitamos una vuelta a los valores elementales que alimenten una convivencia humanitaria en este mundo acelerado y digitalizado.

Tras este retroceso, el movimiento feminista, internacional y constante, no cesa. No podemos caminar solas. Esta es una lucha de la sociedad en su conjunto que busca la excelencia de la humanidad. Necesitamos una vuelta a los valores elementales que alimenten una convivencia humanitaria en este mundo acelerado y digitalizado.

Así, nuestra agenda debe ser una práctica diaria de escucha activa, justicia y curiosidad ante lo diferente.

Recuperar la empatía —validar la experiencia ajena sin juzgarla— es lo que nos permite ver al otro no como rival, sino como igual. Necesitamos integridad para que la palabra vuelva a tener valor en las instituciones y compasión para actuar ante el sufrimiento ajeno. En el feminismo socialista sabemos que nadie se salva solo: nuestro bienestar está ligado al de los demás. Necesitamos recuperar la brújula ética.

Nuestras raíces. No partimos de cero. La historia del PSOE está tejida por mujeres que entendieron que no hay socialismo sin feminismo. Recordar sus nombres es reclamar nuestra identidad: María Cambrils, Margarita Nelken, Victoria Kent… Frente a la agresión que divide, elegimos la solidaridad que nos hace libres. Solidaridad sin fronteras: El grito de nuestras hermanas. Nuestra brújula ética hoy no puede ignorar el sufrimiento de las hermanas que resisten en contextos de opresión extrema, bajo el yugo de la guerra y el fanatismo.: Afganistán, Palestina, Somalia, Irán... En tiempos de polarización y violencia, el desánimo puede parecer tentador.

Decía Pepe Mújica, «la derrota solo llega si bajamos los brazos»”. Este 8M no solo reivindicamos derechos; reivindicamos la humanidad misma, frente al odio que simplifica, elegimos el pensamiento que construye. Mientras una sola mujer resista, nosotras seguiremos levantando la voz. ¡VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES!

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