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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

Castilla y León frena la caída del PSOE y el ascenso de Vox

El PP se consolida como la marca más fuerte

Fernández Mañueco, la noche del 15-M

Fernández Mañueco, la noche del 15-M

Tres factores han influido en el resultado de las elecciones castellanoleonesas: el bloqueo con que Vox castiga a extremeños y aragoneses, la complicidad de Abascal con un Donald Trump manchado de sangre, y un candidato del PSOE con diferencias importantes respecto a otros. Saber qué ha sido más determinante no es fácil, hasta que no existan encuestas poselectorales, pero los datos, con el 99,33% escrutado, nos ayudan.

Parece claro que Vox ha encontrado su techo en Castilla y León (donde comenzó a despuntar en el anterior ciclo autonómico). Su leve crecimiento (+1,29%), contrasta con el de Aragón (+6,60%) y más con el de Extremadura (+8,77%). No se puede negar el frenazo. El 18,92% logrado en tierras castellanas supera en muy poco a los resultados aragonés (17,84%) y extremeño (16,90%): el voto de los verdes se encuentra en un estrecho margen de en torno a un 2%, lo que hace casi imposible que llegue al ansiado 20% en las generales. Su reto es no bajar del 15% que reporta beneficios en escaños, pero no lo tiene asegurado.

Es evidente que el resultado del PSOE en Castilla y León, el mejor de los tres, tiene mucho que ver con Carlos Martínez, alcalde de Soria. Solo es necesario observar el resultado en esa provincia: la única en la que el PSOE ha ganado en escaños y en votos, y en la que ha obtenido un mayor crecimiento (+13,98%). Esto evidencia aún más que la catástrofe extremeña estuvo singularmente ligada a Miguel Ángel Gallardo

El PP consolida su lugar preeminente en la política española, anunciando la llegada de Feijóo a Moncloa. Los 43,11% en Extremadura (+4,33%), 34,17% en Aragón (-1,33%) y 35,47% ahora (+4,08%) son suficientes para sacar al PSOE, respectivamente, 17,35%, 9,80% y 4,73%, diferencias holgadas, sobre todo teniendo en cuenta aspectos como que en Castilla y León el PP lleva gobernando cuatro décadas. Aún más relevante es lo que ocurre en su pugna con Vox, en cuanto que el domingo le sacó un 16,55%, en Aragón un 16,33% y en Extremadura un 26,21%. A Abascal no le queda más remedio que agachar la cabeza ante Guardiola, la líder del PP que antes celebró elecciones y que ha salido más claramente victoriosa, tanto respecto del PSOE como respecto de Vox.

Es evidente que el resultado del PSOE en Castilla y León, el mejor de los tres, tiene mucho que ver con Carlos Martínez, alcalde de Soria. Solo es necesario observar el resultado en esa provincia: la única en la que el PSOE ha ganado en escaños y en votos, y en la que ha obtenido un mayor crecimiento (+13,98%). Esto evidencia aún más que la catástrofe extremeña estuvo singularmente ligada a Miguel Ángel Gallardo.

El diagnóstico parece claro: el elemento que más ha pesado en estas elecciones ha sido el candidato del PSOE, y que eso no le haya servido para ganar las elecciones, teniendo en cuenta la desaparición de todo a su izquierda (Podemos y Sumar), muestra el delicado momento que pasan los de Ferraz. También es evidente la desigual batalla PP/Vox en favor de los primeros. A tener muy en cuenta, el crecimiento del bipartidismo (66,21% en Castilla y León, +4,80%) respecto a Aragón (58,54%, -6,51%) y Extremadura (68,87%, -9,81%). Las elecciones castellanoleonesas son las más útiles, hasta el momento, para predecir el futuro a medio plazo de la política española: Vox será muleta o no será; el PSOE solo se salvará sin Sánchez, y aun así con dificultades; el PP es la marca más fuerte.

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