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Opinión | La fórmula compartida

Piedad Álvarez

Piedad Álvarez

Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en Extremadura

Stand by

Piedad Álvarez en  una rueda de prensa,

Piedad Álvarez en una rueda de prensa, / PSOE DE EXTREMADURA

Extremadura sigue en stand by. Como en aquella canción de Robe, suspendida en un tiempo muerto que no avanza ni retrocede, atrapada en una pausa que nunca eligió.

Pero nuestra tierra no vive de poemas y letras de canciones, sino de decisiones que hace tiempo que no llegan, a pesar de que son más necesarias que nunca.

Esta parálisis no es casual. Tiene responsables y responde a un cálculo frío. La señora Guardiola y sus socios de la ultraderecha han decidido esperar, medir, mirar de reojo a otros territorios, como si el pulso de esta tierra pudiera sincronizarse con lo que ocurra fuera. Mientras tanto, Extremadura queda en segundo plano, porque para Feijóo y Abascal nuestra región puede permitirse la espera. Para los ciudadanos, esta espera es insostenible.

Pero la realidad no entra en pausa. La vida no entiende de stand by. Y cuando la política se detiene, los problemas avanzan.

Hace unos días, el Hospital Universitario de Badajoz se inundaba tras la rotura de una tubería. Pasillos anegados, ascensores fuera de servicio, espacios comunes inutilizados. Una imagen que no es solo un accidente puntual, sino el reflejo de una estructura frágil, sin el impulso ni la dirección que debería garantizarse desde lo público. Como si todo estuviera, también ahí, esperando.

La realidad no entra en pausa. La vida no entiende de stand by. Y cuando la política se detiene, los problemas avanzan

La dependencia también hace aguas. Nuestra región ha obtenido la peor puntuación de su historia en el último dictamen del Observatorio Estatal, un 2,25 sobre 10. Detrás de ese dato hay 1300 personas que fallecieron el pasado año sin recibir la atención que tenían reconocida. Una realidad insoportable que evidencia un fracaso institucional de primer orden. Y resulta aún más grave cuando los recursos existen, cuando el Gobierno de España financia ya la mitad del sistema. El problema no es de dinero, es de gestión, de prioridades y, sobre todo, de voluntad política.

Esa falta de rumbo se extiende a otros ámbitos esenciales. Sanidad, servicios sociales, infraestructuras muestran señales de desgaste en un contexto en el que se necesitaría impulso, planificación y liderazgo. En su lugar, lo que se ofrece es incertidumbre, fruto de una estrategia política errática.

También en la educación, el tiempo se ha estirado más de la cuenta. Las oposiciones de maestro llegan tarde, después de meses de dudas para miles de aspirantes que han tenido que prepararse sin certezas. Un proceso que debía ser ordenado se ha convertido en otra muestra de improvisación. Como si el futuro de tantas personas pudiera ponerse, sin más, en espera.

En esa misma línea, las oposiciones del SES siguen envueltas en polémica. Tras el examen del 28 de febrero, una plataforma de 700 profesionales de enfermería ha solicitado su anulación por posibles irregularidades. Cuando la confianza en las instituciones se resquebraja, reconstruirla no es fácil. Y cada sombra, cada duda, pesa.

Extremadura no puede seguir atrapada en esa parálisis interesada. No puede vivir en ese punto muerto en el que nada termina de arrancar. No puede depender de estrategias que miran más al corto plazo que al interés general.

Porque mientras PP y Vox juegan a aplazar decisiones, los problemas no esperan.

Y la vida, como la canción, no tiene botón de pausa.

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