Opinión | Nueva sociedad, nueva política
¿Sufrir sí, morir no?
La historia de Noelia es el espejo del horror social que vivimos

Noelia. / EL PERIÓDICO
Noelia Castillo Ramos nació en Barcelona el 14 de noviembre de 2000. Sus padres sufrían adiccionesy problemas graves de salud mental; vivían enextrema precariedad económica sin red de apoyo estable. Se separaron cuando ella tenía 13 años, y la Generalitat les retiró la custodia. Entre el 3 de julio de 2015 y el 11 de febrero de 2019 estuvo ingresada en dos centros de menores. Salió sin estudios y sin trabajo, sin constancia en la toma de medicación psiquiátrica, con malas compañías y consumiendo drogas.
Su primera pareja tras ese periodo abusó sexualmente de ella mientras dormía (2019-2021). En verano de 2022 dos chicos intentaron violarla en una discoteca. En otoño de ese mismo año, tres chavales la sometieron a una violación múltiple. Su «independencia» se basaba en una pensión inferior a 500€, por el 67% de discapacidad reconocida por problemas mentales, que quizá pudo complementar con el Ingreso Mínimo Vital desde 2020-2021. En total, como mucho, 900€.
El 4 de octubre de 2022 se intentó suicidar arrojándose desde un quinto piso. Sufrió lesión medular irreversible con la consiguiente paraplejia que le provocaba dolores neuropáticos crónicos, quemazón, descargas eléctricas en las piernas, pérdida progresiva de masa muscular, alto riesgo de trombosis yescaras, e incontinencia urinaria y fecal permanente. Dependía completamente para toda actividad básica, precisaba cuidados 24 horas. Vivió en residencias sociosanitarias desde los 22 años. Noelia declaró que sus dolores eran insoportables, que sentía una profunda pérdida de dignidad y autonomía, y que sus problemas de salud mental se habían agravado.
Su padre, Gerónimo Castillo, no tenía relación con ella y nunca se preocupó de su intenso sufrimiento, pero acudió a Abogados Cristianos cuando supo que había solicitado la eutanasia (abril de 2024), prolongando su agonía vital casi dos años más, hasta el pasado 26 de marzo, cuando por fin le fue practicada. Gerónimo representa muy bien la España liberal atravesada por el nervio católico. Una persona como él y su ex mujer fueron libres de tener hijos, aunque estuvieran completamente incapacitados para ello; nació Noelia en condiciones de extrema precariedad que supuestamente eligieron libremente. El Estado tuteló a Noelia casi cuatro años y, al parecer, le dio libertad para estudiar o no. Se le permitió la libertad de salir del centro con 18 años sin donde ir, sin ingresos y con adicciones. Tuvo la libertad de vivir con menos de 1.000€ al mes. Sin condiciones materiales ni mentales, fue libre de relacionarse sexualmente, y sufrió tres agresiones en tres años. A los padres de Noelia y a Noelia se les ofrecieron las libertades que ofrece esta sociedad: la de ser adictos, la de ser pobres, la de tener sexo sin conocer las consecuencias. Noelia, para su padre Gerónimo y gran parte de la sociedad, era libre de sufrir, pero no de decidir cuándo dejaba de hacerlo. No soy capaz de imaginar mayor crueldad.
Enrique Pérez Romero es politólogo y doctor en Ciencias Audiovisuales
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