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Opinión | A fuego lento

De gatos y perros

Una mujer da de comer a una colonia de gatos.

Una mujer da de comer a una colonia de gatos. / EFE

Que hoy decida escribir sobre los gatos comunitarios, esos que seguramente muchos de ustedes habrán visto vagar por nuestras calles, tiene que ver con que recientemente me reuní con la Plataforma extremeña de voluntarios y entidades de protección animal. Sé que con la que está cayendo (guerra en Irán, subida de carburantes y alimentos, bloqueo del gobierno extremeño…) parece estar fuera de la realidad escribir sobre este tema, pero creo que es importante tratarlo, aunque parezca que nunca es un buen momento para hablar de gatos y perros.

Nuestra comunidad está a la cabeza en abandono animal y esto debe de avergonzarnos profundamente como sociedad. Cómo tratamos a los animales de compañía dice mucho o poco de nuestra humanidad, de nuestra compasión hacia los seres más vulnerables y por desgracia en Extremadura no sacamos muy buena nota en esta cuestión. El trabajo que están realizando las protectoras extremeñas que se encargan de gestionar los perros abandonados o las colonias felinas es un trabajo invisible pero fundamental. Están realizando, en la mayor parte de las ocasiones de manera voluntaria y gratuita, un trabajo que deberían de realizar las administraciones que según las propias leyes autonómicas y estatales son las encargadas de estas competencias.

Sé que no es nada fácil gestionar algo para lo que un pequeño municipio carece de recursos, por eso es tan importante que las Diputaciones y la propia Junta de Extremadura financien campañas de sensibilización, de esterilización y de microchipado de los animales. No solo por mostrar algo de empatía, también es una cuestión de economía. Cuánto antes se gestione menor será el riesgo de que este problema se agrave y más costoso sea solucionarlo.

Me comentaban las mujeres que han venido en representación de la plataforma (es también un sector muy femininizado, como tantos otros invisibles y fundamentales que tienen que ver con los cuidados) que la mayoría de los ayuntamientos se lavan las manos por falta de información y también por falta de recursos, pero que si hubiera una adecuada colaboración entre las protectoras y voluntarias y la Junta de Extremadura se podría avanzar mucho esterilizando animales y evitando que el problema crezca de manera exponencial. Por desgracia, sabemos que estamos a años luz de lo que se hace en otras regiones y no digamos ya, en otros países.

Aquí la diputación de Badajoz invierte casi 3 millones de euros en tauromaquia y ni un euro en ayudar a los ayuntamientos a gestionar las colonias felinas. Y qué podemos decir de la Junta de Extremadura, pues más de lo mismo. Yo les confieso que no soy una amante de los gatos, principalmente porque tengo una enorme alergia a estos animales, pero eso no impide sentir compasión ante ellos y rabia cuando se les castiga, maltrata e invisibiliza, tampoco me impide velar por su bienestar y sus derechos.

Creo que las administraciones deben asumir que tienen que gestionar con más recursos esta cuestión y sensibilizar sobre el abandono porque los animales de compañía no son juguetes de usar y tirar. Además las sociedades más avanzadas son las que mejor tratan a sus animales, así que avancemos y demostremos que Extremadura no sigue anclada en décadas pasadas sino que se muestra empática y compasiva con nuestros pequeños y peludos amigos.

*Irene de Miguel, portavoz de Unidas por Extremadura en la Asamblea de Extremadura

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