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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

Mirar la Luna para no ver el dedo

EEUU finge fortaleza en los albores de la II Guerra Fría

Interior de la nave espacial Orión, el corazón del programa Artemis rumbo a la Luna.

Interior de la nave espacial Orión, el corazón del programa Artemis rumbo a la Luna. / Robert Markowitz / NASA / Johnson Space Center

Han pasado 57 años, una Guerra Fría y el fin de la historia proclamado por Francis Fukuyama.

Antes del 20 de julio de 1969, EEUU había lanzado 18 misiones exitosas a la Luna y la URSS 15, un empate técnico en la geoestrategia de la época.

La célebre pisada de Neil Armstrong, al mando del Apolo 11, fue un acto propagandístico de desempate. Si el bloqueo económico a Cuba, a comienzos de los sesenta, pretendía hacer fracasar la revolución, la pisada de Armstrong indicaría que el partido URSS-EEUU estaba ganado. El Código Hays había aplicado censura previa al cine de Hollywood durante 38 años (1930-1968), pero EEUU iba camino de persuadir al mundo de que su "liberalismo" era la única opción.

Del bloqueo a la caída soviética

Cuba era una de las tres o cuatro economías más fuertes de América Latina antes del bloqueo de EEUU, ahora una de las más débiles. El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín y, a causa de la penosa gestión de los últimos líderes soviéticos, la URSS se desplomó dos décadas después de la famosa "llegada" a la Luna.

Entonces, el politólogo estadounidense Francis Fukuyama convenció a casi todos de que la historia se había terminado, porque ya ningún otro sistema político que no fuera la democracia liberal sería posible. Pocos meses después de que se publicara su libro (El fin de la historia y el último hombre, 1992), el Partido Comunista de China celebró su 14º congreso, donde sentó las bases de lo que hoy es la primera potencia del mundo.

El error de Fukuyama

Y aquí estamos, en el comienzo de una nueva historia tras el final de aquella historia, que no era, obviamente, el final de todas las historias.

Cuando escribo estas líneas, Fukuyama aún no ha pedido perdón y, según el V-Dem Democracy Report 2026, solo el 7% de la población mundial vive bajo democracias liberales (varias de ellas en encrucijadas agónicas). China, un régimen de partido único comunista, produce el 30% de la manufactura mundial, domina abrumadoramente (80%) la fabricación en energías renovables, produce el 70% de los vehículos eléctricos, tiene más kilómetros de tren de alta velocidad que el resto del mundo junto, lidera 66 de las 74 tecnologías críticas, es el mayor exportador mundial, tiene la marina con más buques, publica más artículos científicos de impacto que EEUU y genera más del doble de electricidad que EEUU.

Artemisa y el nuevo relato

El programa Artemisa (hermana de Apolo en la mitología griega) pretende mantenernos pendientes de las pantallas en 2026 y 2027, mientras EEUU se hace, por la fuerza, con los recursos naturales de Gaza, Venezuela, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Baréin, Irak, Jordania, Siria, Egipto, República Democrática del Congo, Níger, Malí, Burkina Faso, Gabón, Somalia, Sudáfrica, Colombia, Perú y Honduras.

Los yanquis quieren que miremos a la Luna de nuevo, seis décadas después, en su enésimo acto de propaganda política, no vayamos a darnos cuenta de que China, con más de 1.400 millones de habitantes, es el país del siglo XXI.

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