Opinión | Es decir
Racializar el islam

Los Mossos investigan los cánticos islamófobos y xenófobos del amistoso España-Egipto
La confusión entre religión y raza ha llevado a la Fiscalía el estribillo que se entonó el martes en el partido entre España y Egipto: «Bote, bote, bote, musulmán el que no bote». Y lo ha llevado –no la confusión, por supuesto, perdón por la sintaxis– la corrección política, periodística y deportiva, por considerarlo racista y xenófobo, aunque si el estribillo es, por ejemplo, sobre el fascista, es decir, «bote, bote, bote, fascista el que no bote», la corrección no lo considera tal, sin duda porque tampoco es racista ni xenófobo, sino solo una muestra de la libertad de expresión. Así que a la Fiscalía lo ha llevado la corrección que confunde religión y raza, aunque finalmente haya sido el Gobierno, de oficio, el encargado.
El derecho a la libertad de expresión no ampara el insulto dirigido contra quien es lo que es sin haber decidido serlo, por ejemplo, árabe o africano. Pero ser musulmán es una opción religiosa, alguien que profesa el islam, del mismo modo que judío es el que profesa el judaísmo. Y aunque hay casos en que se ofende a quienes profesan una religión, sea mediante el escarnio de sus creencias o vejándolos por practicarlas, no hay racismo ni xenofobia en criticar o ridiculizar –sin escarnecer, sin propósito de afrentar– a los creyentes por sus creencias o sus ideas, porque «las creencias y las ideas no son titulares de derechos», sino solo las personas.
El papa Francisco, tras el atentado contra Charlie Hebdo , dijo: «No se puede insultar la fe de los demás». Insultarla no es escarnecerla , ni tampoco supone la vejación –maltrato o persecución– de quienes la practican. De hecho, al menos en España, el delito contra los sentimientos religiosos lo recoge el Código Penal (525). Sin embargo, la libertad de expresión no solo protege la crítica de creencias e ideas, sino también su burla. Como escribió el juez Oliver Wendell Holmes a través de sus sentencias, si la libertad de expresión no alcanzaría a quien gritara falsamente «¡fuego!» en un teatro, la libertad de expresión debe existir para las opiniones que no se comparten, o son minoritarias, o incluso desagradan, para todo aquello que no le gusta a la mayoría.
Se ha llevado a la Fiscalía, por posible delito de odio, lo que lo sería solo en el caso de la raza, y, aun en este, no sería por odiar, pues no hay sentimientos delictivos, sino por instigar a la agresión contra quien se odia. Pero, en nombre de la tolerancia y el respeto, el musulmán racializado ha logrado que un creyente sea una raza. Un delito, sí, y no de odio.
*Daniel Salgado es funcionario
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