Opinión | Textamentos
Con los intolerantes hemos topado, amigo Sancho
La táctica de este “príncipe de la empatía” y otros de la misma cuerda no es nueva: erigirse en salvadores del mundo mientras tachan de reaccionarios o estúpidos a quienes no se someten a su presunta grandeza

Vía Crucis de Mérida. / EL PERIÓDICO
Todo en esta vida es un asunto de puntos de vista, de miradas, y la Semana Santa no es una excepción. En estas fechas el país se divide en dos, como siempre. Por un lado, los que corren a hacer la maleta y desconectar de la vida laboral —para huir a la playa, a la montaña, adonde sea—, mientras una segunda España se integra con fervor en la tradición de las procesiones, y son capaces de emocionarse hasta las lágrimas si una no puede salir por culpa de la lluvia.
Por lo general, no hay grandes conflictos entre quienes abogan por unos días de descanso libres de tradiciones y entre quienes viven la Semana Santa, patrimonio cultural, desde la religiosidad más entregada. Respetar la perspectiva del prójimo es indispensable en una sociedad que pretende ser democrática, y esta es la tónica, más o menos, en el día a día de nuestro país. ¿Pero quién dijo “respeto al prójimo” si eres político —o politicastro— y puedes meterle el dedo en el ojo a quien no piensa ni actúa como tú quieres?
En esas está uno de los responsables de Podemos Sagunto, Rubén Sánchez, quien ha expresado en un vídeo su visceral rechazo por «esas personas que van a las procesiones que adoran al muñeco que llevan en las cofradías, como si estos muñecos fueran a salvar al mundo». La táctica de este “príncipe de la empatía” y otros de la misma cuerda no es nueva: erigirse en salvadores del mundo mientras tachan de reaccionarios o estúpidos a quienes no se someten a su presunta grandeza.
Para comprender por qué Podemos sufrió un castigo electoral severo en las últimas elecciones al Ayuntamiento de Sagunto, bastará ver el vídeo en el que el susodicho se dirige con altivez a la cámara para tachar de ridículos e insolidarios («no se manifiestan por los derechos sociales») a los católicos y a aquellos que, aun no siéndolo, respetan las creencias ajenas.
En el pecado llevan la bendición, y nunca mejor dicho.
Francisco Rodríguez Criado es escritor
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