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Opinión | Actos inexplicables (V)

Javier Ortiz

Javier Ortiz

Redactor de deportes

'Bufandismo' en una tarde toledana

Vivir la clasificación del Cáceres para el ‘playoff’ me reabre un debate interno: ¿dónde empieza el periodista y dónde el aficionado?

El Cáceres Patrimonio de la Humanidad festeja sobre la pista la victoria ante el Toledo. De espaldas puede verse a Juan Santos apuntando al cielo en recuerdo a Lorenzo Díaz ‘Chipi’.

El Cáceres Patrimonio de la Humanidad festeja sobre la pista la victoria ante el Toledo. De espaldas puede verse a Juan Santos apuntando al cielo en recuerdo a Lorenzo Díaz ‘Chipi’. / Javier Ortiz

Reconozco que siempre me ha dado un poco de pudor lo de mostrar demasiada adhesión en público hacia los equipos de esta, nuestra comunidad. Llegué a este teclado a través de un camino muy heterodoxo, aunque a principios de los 90 todavía era habitual que gente como yo, que no había estudiado Periodismo, acabase ejerciendo el periodismo. En aquella época yo tenía un punto de ingenuidad que me he esforzado en mantener hasta hoy en día y sostenía que no era bueno (ni era periodismo) anteponer los colores de tu equipo al ejercicio de la profesión.

Tuve una prueba difícil porque en aquel año ‘rookie’ mío, mediada la temporada 91-92, era muy difícil no ser del Cáceres CB en mi ciudad y de hecho, antes de todo esto, me hice abonado del club. Yo lo tenía especialmente complicado porque amaba -y amo- el baloncesto y amaba -y amo- la ciudad en la que nací. Ambas cosas se me juntaban ante mis ojos al tiempo que empezaba mi nueva vida, esa que quería que me diese de comer hasta la jubilación. Así es que combatí contra la pasión e intenté ser profesional, pese a los cuatro duros que ganaba, y empecé un debate interior que sigue hasta hoy en día: ¿dónde empieza el periodista y dónde el aficionado a los deportes, y sobre todo al basket, de Cáceres?¿Es coherente hacer periodismo de bufanda cuando si lo ves en otros compañeros te da auténtico asco?

Siempre intenté caminar en una complicada frialdad que no siempre he logrado mantener. Soy humano. Demasiado humano, como diría Friedrich Nietzsche o, más recientemente, los Def Con Dos.

Este insidioso preámbulo -gracias por haber llegado hasta aquí- viene por lo que viví el pasado sábado en Toledo y que voy a glosar un poquito en esta página de opinión intermitente. Para la ciudad imperial que fui, con el indescriptible Ángel Rolo al volante, para cubrir el partido que decidía si el Cáceres Patrimonio de laHumanidad jugaba los ‘playoffs’.

Lo viral

Pocas cosas me gustan más en este mundo que viajar y casi más cuando es en acto de servicio: llegar a un pabellón, colocar las cosas, ver el calentamiento, saludar a los aficionados que hayan venido desde Cáceres y, sobre todo, rezar para que haya cobertura. Es, digamos, mi partido particular. Me avergüenza decir que estoy más concentrado que en el Multiusos, donde tiene algo de rutina llegar y subir a la cabina, apenas sin hablar con gente. Hay quien dice que en una lejana habitación de hotel somos más nosotros mismos que en el salón de casa y algo de eso hay en esto de venirse arriba lejos de Bujacoland.

Fundido en negro y, 39 minutos y 50 segundos de partido después, allí estaba yo, inevitablemente triste. La temporada del Cáceres Patrimonio estaba a punto de acabarse con 75-71 en el marcador. Y de repente ocurrió lo increíble en un lapso mínimo de tiempo: triple de Álvaro Palazuelos, surrealista recuperación de balón y triple de Alex Mazaira sobre la bocina en posición estrambótica. 75-77 y a los ‘playoffs’ contra el Sant Antoni Ibiza, aunque me temo que allí el despampanante Lexus de Rolo va a ser difícil que llegue.

Vídeo | El triple de Mazaira en Toledo para meter al Cáceres en playoff

El Periódico Extremadura

La verdad es que hubo algo de justicia poética en todo, aunque la gente de Toledo bien triste que se quedó, asumiendo el momento cruel con la misma deportividad con la que digieren tener su fantástico centro histórico bien trufado de tiendecitas y, por consiguiente, consumidores. Qué envidia, chacho. Pero esa es otra historia.

La remontada se hizo noticia en el baloncesto español debido a lo poderoso de las imágenes que se hicieron virales. Pasa de vez en cuando, pero no es nada habitual darle la vuelta así a un destino que parecía escrito, con el añadido de que había mucho en juego. Y además a domicilio.

Hubiese sido injusto quedarse fuera de las eliminatorias después de una segunda vuelta tan buena, de 10 victorias en 13 partidos. Pero el castigo por lo malo que fue el arranque también hubiera tenido fundamento.

Existía también el componente emocional extra de pensar que, tirando de realismo mágico, el que había empujado la última canasta de Mazaira había sido desde el más allá Lorenzo Díaz ‘Chipi’, el director deportivo del club fallecido apenas diez días antes. Me gusta imaginarle celebrándolo como loco. Siempre, incluso después de su retirada, se había sentido sobre todo un ‘player’ en cuanto a emociones y forma de vida. Este alegrón en un proyecto bastante exhausto es muy suyo y de su rebeldía ante las inercias negativas. Y también de Jacinto Carbajal, más raro que un perro verde pero, en mi opinión, buen tipo y un entrenador currante y metódico.

El autor de este artículo, con el Alcázar de Toledo de fondo al salir del pabellón Javier Casado.

El autor de este artículo, con el Alcázar de Toledo de fondo al salir del pabellón Javier Lozano. / Ángel Rolo

El saltito

Mis viejas reservas sobre el ‘bufandismo’ y la profesionalidad quedaron ante el espejo horas después con un vídeo que se publicó en la cuenta de Twitter -para mí siempre será Twitter- de Radio Marca Cáceres. En él se puede ver a Andrés Campos y Luismi Rubio narrando la última jugada y a mí detrás, de pie, nervioso como Marco el Día de la Madre. Entra el triple y doy un saltito, dejando emerger al ‘hooligan’ por un segundo, y a continuación, sin transición, vuelvo a cambiar el chip y me pongo a hacer fotos con mi Samsung cutre, porque lo primero vuelve a ser lo primero. Y ahora, mientras miro los vídeos una y otra vez, el de la canasta y el de mi reacción, una punzante mezcla de pudor y orgullo me recorre. Y no consigo sacar ninguna grandilocuente conclusión que explique ni uno solo de los días extraños que me azuzan cada vez más a menudo.

Al final logré mandar las páginas a la hora, aunque hubo algún error y las fotos salieron un poco borrosas. Nah, da igual. Todo da igual en el fondo. Gajes de un oficio que, la verdad, se va al garete. Era mi segunda victoria del día.

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