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Opinión | Tribuna

Hantavirus: calma, ciencia y humanidad

No conviene confundir peligrosidad con contagiosidad. Hay enfermedades que pueden ser muy graves para quien las padece, pero que se transmiten con dificultad; y otras, más leves en muchos casos, que se contagian con enorme facilidad. El Hantavirus de los Andes pertenece al primer grupo

Los pasajeros afectados por un brote de hantavirus desembarcan del MV Hondius fondeado en Tenerife.

Los pasajeros afectados por un brote de hantavirus desembarcan del MV Hondius fondeado en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

Cuando una población escucha juntas las palabras «brote», «virus» y «barco», es normal que aparezca inquietud. No hay que ridiculizar ese miedo. La pandemia dejó una huella emocional profunda y muchas personas sienten todavía que cualquier alerta sanitaria puede convertirse en una amenaza inmediata. Como médico, lo vemos a diario: la respuesta no puede ser ni el alarmismo ni la indiferencia, sino información clara, prudencia y humanidad.

Ante el episodio vinculado al Hantavirus de los Andes en el MV Hondius, el primer mensaje debe ser firme: estamos ante una situación sanitaria seria, pero no estamos ante otro COVID. El virus puede causar enfermedad grave y ha provocado fallecimientos, lo que exige respeto absoluto hacia las víctimas y sus familias. Pero gravedad no significa, automáticamente, alta capacidad de contagio. La OMS ha trasladado a la población de Tenerife que el riesgo para su vida cotidiana es bajo y que este episodio no es comparable a la pandemia de 2020.

Gravedad y contagio

No conviene confundir peligrosidad con contagiosidad. Hay enfermedades que pueden ser muy graves para quien las padece, pero que se transmiten con dificultad; y otras, más leves en muchos casos, que se contagian con enorme facilidad. El Hantavirus de los Andes pertenece al primer grupo: puede producir cuadros severos y por eso exige protocolos estrictos, pero no se propaga fácilmente en la vida cotidiana. El miedo suele mezclar ambas ideas —«si es grave, entonces se contagia mucho»—, y no siempre es así. Este virus no se comporta como la gripe, el sarampión o el SARS-CoV-2. No estamos ante un virus respiratorio con capacidad conocida para circular ampliamente por la comunidad mediante contactos casuales. No hay evidencia de que una persona pueda contagiarse simplemente por cruzarse con alguien en la calle, coincidir en un espacio abierto o vivir cerca de un puerto. La transmisión entre humanos está documentada, sí, pero suele asociarse a situaciones muy concretas: contacto estrecho, prolongado y repetido con una persona enferma, convivencia, cuidados cercanos o exposición a fluidos corporales.

La vía principal de transmisión de los hantavirus sigue siendo la exposición a roedores infectados o a sus excretas. En el caso del Hantavirus de los Andes existe una particularidad relevante: puede transmitirse entre personas en determinadas circunstancias. Pero esa posibilidad no convierte el episodio en una amenaza pandémica. No se trata de un virus nuevo ni hay datos que indiquen que haya cambiado de golpe su forma de transmisión. El riesgo para la población general es bajo porque el virus necesita condiciones muy concretas para transmitirse de una persona a otra. Entonces, ¿por qué ha habido varios casos en un barco? Porque un barco es un entorno muy particular: cerrado, compartido, con convivencia prolongada y contactos repetidos. Ese contexto puede facilitar exposiciones que no se dan en la vida normal de una ciudad. Precisamente por eso es tan importante sacar a las personas del barco de forma ordenada. Un barco no es un hospital ni un centro adecuado para una cuarentena prolongada. Mantener a muchas personas durante más tiempo en un espacio cerrado no necesariamente protege más; puede dificultar la vigilancia individual, el diagnóstico precoz y la atención rápida si alguien desarrolla síntomas.

Desembarcar con control

Desembarcar no significa dejar circular libremente a nadie. Significa ordenar el riesgo: evaluación por Sanidad Exterior, transporte controlado, grupos reducidos, circuitos separados, cuarentena cuando proceda, pruebas diagnósticas y vigilancia clínica. En las últimas horas, los 14 ciudadanos españoles del MV Hondius han sido trasladados al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid, para cumplir cuarentena en habitaciones individuales, con PCR, toma de temperatura dos veces al día y seguimiento sanitario. El hospital dispone de una Unidad de Aislamiento preparada para evitar la propagación de enfermedades infecciosas.

Hay que explicar bien qué significa estar en cuarentena. No es lo mismo decir «hay personas en cuarentena» que transmitir la idea de que «hay enfermos contagiosos». Muchas de esas personas son contactos: han podido estar expuestas y deben ser observadas durante un periodo determinado para confirmar que no desarrollan síntomas. La cuarentena es una herramienta preventiva. Sirve para detectar precozmente, cortar posibles cadenas de transmisión y ofrecer seguridad al conjunto de la población. El protocolo aprobado por la Comisión de Salud Pública establece cuarentena y vigilancia activa para las personas desembarcadas y en seguimiento en España, basándose en el principio de precaución y con revisión continua según evolucione el brote.

La dimensión institucional tampoco debe ocultar la humana. Canarias tiene derecho a exigir información completa, coordinación real y garantías para sus ciudadanos, trabajadores portuarios y profesionales sanitarios. Pero convertir a los pasajeros en una amenaza abstracta tampoco ayuda. Allí hay personas cansadas, asustadas, algunas de luto, de muchas nacionalidades, entre ellas españoles. España forma parte de la OMS, de la Unión Europea y del Reglamento Sanitario Internacional, y eso implica responsabilidades legales, sanitarias y humanitarias.

Calma y ciencia

Como médico, entiendo a quien pregunta: «¿Y si pasa algo?». La respuesta no debe ser negar el riesgo, sino explicarlo en su justa medida. Riesgo bajo no significa riesgo cero. Significa que, con vigilancia, aislamiento, pruebas, protección profesional, circuitos diferenciados y coordinación internacional, el escenario razonable no es el pánico, sino el control.

El mensaje final es sencillo: tranquilidad informada. Ni negacionismo ni pánico. Vigilancia estricta, aislamiento cuando proceda, seguimiento clínico, transparencia y confianza en los profesionales de salud pública. El Hantavirus de los Andes puede ser grave para quien enferma, pero su transmisión requiere condiciones muy específicas. Proteger a la población y no abandonar a quienes necesitan ayuda no son objetivos opuestos. Son, precisamente, la esencia de la medicina, de la salud pública y de una sociedad decente. En momentos así, conviene recordar tres palabras que deberían guiar cada decisión y cada mensaje: calma, ciencia y humanidad.

  • El doctor Luis Tobajas Belvís es Médico de Familia y secretario del Colegio de Médicos de Cáceres.
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