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Opinión | Tribuna

Perros con alma

El texto recopila historias de perros célebres como Balto, Laika o Hachiko, que demuestran su lealtad y valentía en momentos cruciales.

Un estudio revela que los perros todavía conservan ADN de lobo: del husky al chihuahua, estas son las razas con más genes de lobo

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Hay todavía muchas personas que creen que los perros no tienen alma, pero se asombran enormemente cuando conocen historias en las que se ponen de manifiesto ciertas actitudes de los canes, los amigos más fieles del ser humano, que los dejan boquiabiertos y ojipláticos. Es notable la utilidad de muchos perros en infinidad de grandes desgracias ocurridas en el mundo, en las que, gracias a ellos, se han salvado muchas vidas humanas, por su afán incansable de señalar dónde quedan personas con vida para poder ser rescatadas, y la gran e inestimable ayuda que brindan, cotidianamente, a muchas personas ciegas y enfermas.

Y aunque muchas de estas actividades que realizan los canes se deben única y exclusivamente a haber sido sometidos a una gran disciplina y a un férreo adiestramiento, lo cierto es que hay muchas historias protagonizadas por perros a los que nunca nadie enseñó previamente a realizarlas. Hace relativamente poco, no más de un par de meses, que fueron robados siete perros en Changchun, provincia de Jilin, en China, y se las arreglaron para escapar los siete y recorrer casi 20 kilómetros que los separaban de su hogar. Un pequeño perro de raza Corgi, se erigió en líder de la manada de labradores y los guio, caminando durante dos días por caminos y carreteras desconocidas. Nadie nunca antes los adiestró para hacerlo, pero imperó en ellos una conducta de fidelidad y lealtad que tampoco nunca nadie antes les había inculcado.

Como tampoco nunca nadie adiestró a “Hachiko”, el perro de raza Akita japonés, que estuvo esperando, cada día, a que su dueño volviera a la estación de la que partió, durante nueve largos años. El profesor HidesaburoUeno partió desde la estación de Shibuya, en Tokio, y al morir de repente en el año 1925, su perro “Hachiko” iba cada día a la estación a esperar a que volviera su dueño, durante casi diez años, hasta 1935 que murió. Si los perros no tienen alma, ni memoria, ni recuerdos, algo movía a este Akita japonés a esperar a su dueño, día tras día, sin faltar uno siquiera.

Son perros con nombres propios, que forman parte importante de nuestra historia, como “Balto”, un perro de raza Husky siberiano, que se hizo famoso por ser el responsable de dirigir un trineo y poder acercar medicamentos a gente que los necesitaba en Alaska. O ‘Laika’, una perrita rusa que fue el primer no-humano que orbitó el planeta Tierra en 1957. O el gran ‘Becerrillo’, de la raza Alano español, un perro musculoso y fuerte, un perro de combate español, muy famoso en la conquista de América, de color rojizo, con el hocico negro, que dio muestras, según las crónicas, de gran ferocidad en el combate, mostrando siempre gran astucia y lealtad hacia los conquistadores. Dicen que fue tan relevante y se le daba tanta importancia entre las tropas, que se le consideraba como equivalente a no menos de 50 soldados. O ‘Chonino’, un ovejero alemán, perteneciente a la Policía Federal Argentina, considerado como un héroe nacional, al morir defendiendo a su guía el 2 de junio de 1983, en un tiroteo en Buenos Aires.

Ayer me dijeron, con gran tristeza, mis sobrinos Emilio y María, que ‘Baloo’, un impresionante y soberbio perro de raza Labrador, había muerto. Aunque no tan famoso, formaba una parte muy importante de sus vidas y ellos saben que yales espera al otro lado, porque ellos, después de haber convivido con él, no tienen ninguna duda de que ‘Baloo’ sí tenía alma.

Ramón Gómez Pesado es exdirector del IES Al-Kazeres.

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