Opinión | EL CHINERO

Directora de La Crónica de Badajoz
Los desprotegidos
Fue un desalojo en toda la regla. Dónde se fueron, a nadie le importó

El grupo de migrantes bajo el puente del Rivillas. / Jesús G. Hinchado
Llevan entre dos y seis meses en Badajoz. En las calles, en los parques, durmiendo bajo el puente del Rivillas. Pasaban desapercibidos. Eran invisibles en la actividad diaria de la ciudad. Hasta que el martes por la mañana se supo que la noche anterior habían sido desalojados de la estación de autobuses.
Mientras ha hecho buen tiempo han podido dormir a la intemperie. Pero el temporal de lluvia y viento los obligó a buscar un sitio en el que resguardarse. No tienen demasiadas opciones. Ninguna digna. El Centro Hermano dispone de 28 plazas que siempre están ocupadas. Acudieron a la estación de autobuses. No al interior, donde se encuentran las taquillas, pues cierra a partir de las nueve de la noche. Se quedaron en los andenes, donde al menos existe un techo que los protege.
La Junta de Extremadura, propietaria de las instalaciones, entiende que este no es un lugar apropiado para guarecerse. La decisión se basa en la protección de los viajeros, no de las personas que duermen en el suelo. De la gestión de la estación se ha hecho cargo una empresa privada, que ha puesto vigilancia también privada. La noche del lunes el mal tiempo arreciaba y 17 migrantes encontraron en los andenes un lugar menos penoso para intentar cobijarse. El vigilante avisó a la Policía Nacional. Los agentes se presentaron. No fue necesario el uso de la fuerza. Quienes estaban intentando dormir aseguran que les dijeron que allí no podían pasar la noche. Esas palabras fueron suficientes para que cogieran sus mochilas, sus sacos y sus pocas pertenencias y se marcharan en busca de otro lugar. Difícil misión. De nuevo bajo el puente del Rivillas, que siempre tiene plazas libres.
Fue un desalojo en toda regla. No se marcharon voluntariamente. De no haber llamado el vigilante a la policía y de no haberse presentado los agentes, hubieran pasado allí esa noche y las noches siguientes, al menos hasta que el mal tiempo amainase. Aunque la policía no hubiese dicho ni mú. Su mera presencia impone. Sabían que los agentes estaban allí para que se fueran y lo hicieron, sin oponerse. Dónde se fueron, a nadie le importó. Lo prioritario en ese momento era la buena imagen de la estación de autobuses, que ningún viajero se pudiera sentir intimidado por la presencia de una veintena de bultos en el suelo. Aunque nunca haya trascendido ninguna denuncia de altercados.
Se marcharon sin que nadie supiese dónde. Hasta que a la mañana siguiente las organizaciones sociales que trabajan por su protección dieron la voz de alarma. Meses llevan pidiendo que en Badajoz haya algún recurso de emergencia para atender a las personas sin techo. Las que se resguardaban en la estación de autobuses son en su mayoría jóvenes de Mali que han huido de su país en guerra y están aquí buscando asilo. Mientras se resuelve su situación administrativa, no tienen dónde ir. Ni la Delegación del Gobierno ni la Junta de Extremadura ni el ayuntamiento se dan por aludidos. Se mantienen de perfil y no ofrecen soluciones, no vaya a ser que se corra la voz del Estrecho hacia abajo y tenga efecto llamada. Ni mú.
Gracias a que aquella noche llovió, hizo viento, se resguardaron en los andenes, el vigilante llamó, llegó la policía, fueron desalojados y todo esto trascendió, estas personas tienen ahora un lugar de acogida, aunque sea provisional. Gracias a que alguien dio la voz de alarma de lo que ocurrió esa noche en la estación de autobuses y a que los medios de comunicación se hicieron eco de lo sucedido. Ha tenido que ser Accem, una oenegé que se encarga de atender a los asilados, la que busque una solución a estas personas, aunque temporal. Algunos ya tienen la Protección Internacional y otros están en trámites de conseguirla. Mientras tanto, necesitan que las administraciones doten los recursos necesarios para que no estén abandonados a su mala suerte. Jamás estas personas podrían pensar que en el lejano lugar del Primer Mundo con el que soñaban dormirían en los andenes de una estación de autobuses. Mucho menos que serían desalojados con presencia policial porque su imagen molesta o infunde temor. Llegaron pidiendo protección y ¿qué encontraron?, que nos protegemos de ellos. Inhumano.
- El Cristo Negro de Cáceres saldrá en procesión extraordinaria por primera vez en 36 años
- La norma que deja fuera a Pablo López del Teatro Romano de Mérida también afecta a Sanguijuelas del Guadiana
- La odisea de 47 mayores de Cáceres en un viaje del Imserso: 'Nadie nos guiaba en los trasbordos, estuvimos solos en Atocha y en Sants
- Un hombre se pelea con un matrimonio en la calle Almendralejo y moviliza a la Policía Local y Nacional en Mérida
- Galería | Imágenes del arranque de la feria en Plasencia
- La actuación de Pablo López en Cáceres tumba su concierto en el Teatro Romano de Mérida
- El final de dos salas emblemáticas en Extremadura: el cierre del 'Cine Astoria' en Cáceres y del 'Cine Rialto' en Don Benito en 1989
- Ya están las notas: Selectividad roza el pleno en Extremadura con un 96,7% de aprobados