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Opinión | A fuego lento

Se puede bajar el precio de la vivienda

¿Quién puede entender que el precio protegido de una vivienda sea de 200.000 euros?

Bloque de viviendas.

Bloque de viviendas. / EP

Mientras en Extremadura se sigue sin aplicar la satánica ley de vivienda estatal el alquiler de viviendas ha subido un 6% en nuestra región. Podríamos decir que el panorama nacional no es mucho mejor pero no es verdad, hay excepciones, es el caso de una comunidad autónoma en la que el precio de la vivienda bajó un 10% en el mismo periodo y no es un unicornio. Les estoy hablando de la Comunidad Foral de Navarra y hay serias diferencias entre la gestión de uno y otro gobierno al respecto.

La primera es que en vez de dejar la ley de vivienda guardada en un cajón, en Navarra la han puesto en marcha y han aplicado en estos tres años medidas muy importantes. Desde el seguimiento de los apartamentos turísticos y la sanción a los ilegales, a una bolsa de alquileres en la que la administración hace de intermediaria garantizando así a los propietarios las mensualidades y el buen estado del inmueble cuando el alquiler finaliza.

Es importante señalar también que allí han construido vivienda a precios asequibles mientras que aquí la VPO está por encima del precio del mercado. ¿Quién puede entender que el precio protegido de una vivienda sea de 200.000 euros? Esta es una realidad en la región en la que tenemos la renta per cápita más baja del país.

Otra de las diferencias notables es que en Navarra las competencias de vivienda son gestionadas por la izquierda transformadora, esa que en medio de una emergencia habitacional no se pone de lado ni adopta medidas tibias sino que se arremanga y asume que la vivienda tiene que ser un derecho y no un bien de mercado.

Que en Extremadura se siga apostando por las medidas de liberalización del suelo, aquellas del señor Aznar en los años 90 que nos llevaron a la mayor crisis social y económica que se recuerda y que acabaron con la explosión de una burbuja inmobiliaria que trajo mucho dolor a este país y mucho dolor también a las familias trabajadoras, es un absoluto insulto. Como también lo es que el consejero anterior planteara acabar con el mecanismo de tanteo y retracto que es la única manera de que la administración tenga prioridad a la hora de recuperar vivienda que ha sido pública.

Haciendo un poco de historia, tampoco está de más recordar que a quienes salvaron en la crisis no fue a las familias precisamente, sino a los bancos. Ana Botella, alcaldesa de Madrid en 2013, vendió 1.860 viviendas de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) al fondo de inversión o buitre, Blackstone, y de aquellos lodos estos polvos. Estarán de acuerdo conmigo en eso de que conocer la historia nos ayuda a no cometer los mismos errores.

Necesitamos más vivienda pública y necesitamos que esa vivienda no deje de tener esa protección pública con el paso de los años porque es un patrimonio que no puede contribuir a la especulación inmobiliaria. Las viviendas son para vivir y es algo que deberíamos de grabarnos a fuego si no queremos condenar a varias generaciones a no tener futuro.

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