Opinión | A fuego lento
Sobrellevar el infierno

Un turista es protegeix de la calor en un carrer de Sevilla, el 27 de maig. | MARÍA JOSÉ LÓPEZ / EUROPA PRESS
Esta semana que viene comienza la primera ola de calor del verano, de esas que hacen que nuestras calles se conviertan en un infierno y meterse en el coche sea una prueba heroica de alta supervivencia. Creo que reconocer que la emergencia climática hace que estos procesos de calor extremo sean cada vez más tempranos (en mayo ya tuvimos temperaturas fuera de lo habitual) y duren más, es de cajón de madera de pino.
A todos aquellos que niegan el cambio climático les ponía yo a las cuatro de la tarde en alguna plaza sin sombra (por desgracia de esas tenemos muchas porque el urbanismo tampoco se ha adaptado lo suficiente a este clima extremo) a primeros de junio. A ver si así la cruda realidad les hace abandonar las creencias terraplanistas.
La realidad que sufrimos todos los años nos debería hacer pensar que es necesario invertir en prepararnos para estos episodios, pero nada más lejos de la realidad. Año tras año vemos cómo las aulas de nuestras escuelas e institutos públicos siguen sin climatizarse adecuadamente y la solución que dan desde la consejería es que las familias vayan a recoger a sus criaturas a las 12:00 de la mañana. Es injusto que los centros educativos sean los únicos centros públicos sin climatizar de toda la administración. No me vengan con la excusa de que en julio y agosto están cerrados porque la Asamblea extremeña cierra el mes de agosto y el hemiciclo sólo se usa dos días al mes y no vean ustedes las temperaturas glaciales que se alcanzan en cada pleno.
Afrontar el calor no es sólo instalar más aires acondicionados, es hablar de adaptar nuestros horarios, nuestros periodos vacacionales y es habilitar refugios climáticos gratuitos como piscinas (en Extremadura deberían estar abiertas antes y hasta las 22:00 horas), bibliotecas, centros culturales o museos… Es entender que el urbanismo tiene que cambiar, que no podemos tener plazas sin árboles y que no se puede permitir que todos los solares acaben construidos y no se creen islas verdes que contrarresten las islas de calor que se crean en las ciudades.
Prevenir el calor es salvar vidas. En el mes de mayo sólo en el norte de España más de 30 personas fallecieron por golpes de calor. En Extremadura el dato de personas fallecidas por muertes atribuidas al calor en 2025 fue de 49 personas según el sistema MoMo (Monitorización de la mortalidad diaria), una cifra superior por ejemplo al número de personas fallecidas en accidentes de tráfico, el año pasado fueron 39. Es bastante paradójico que ante estos datos nos encontremos con que no hay ningún plan por parte de la administración regional y tampoco por parte de la mayoría de ayuntamientos.
Extremadura se tiene que preparar para que podamos sobrellevar de la mejor manera el calor, la ciencia nos indica cómo hacerlo, ahora sólo se necesita voluntad política para llevarlo a cabo.
Irene de Miguel es portavoz de Unidas por Extremadura.
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