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Opinión | Tribuna

Cuidar a los nietos: una medicina que también necesita límites

La ciencia empieza a confirmar algo que muchas familias ya intuían: cuidar de los nietos puede resultar beneficioso para los abuelos

Un abuelo pasea junto a sus dos nietos.

Un abuelo pasea junto a sus dos nietos. / EFE

En las consultas de los Centros de Salud escuchamos muchas veces una frase que resume una realidad bastante frecuente: «Doctor, me he jubilado, pero sigo sin parar y estoy agotado». Detrás suele haber un abuelo o una abuela que lleva a los nietos al colegio, prepara la comida, ayuda con los deberes escolares o hace un apaño cuando los padres no pueden llegar a todo. En Extremadura, donde las familias continúan arrimando el hombro cuando hace falta, los abuelos son una red de apoyo fundamental.

La ciencia empieza a confirmar algo que muchas familias ya intuían: cuidar de los nietos puede resultar beneficioso para los abuelos. Diferentes estudios relacionan esta actividad con una mejor memoria, mayor fluidez verbal y un funcionamiento cognitivo más favorable. Pasar tiempo con un niño obliga a conversar, recordar, organizar horarios, resolver pequeños contratiempos, caminar, jugar y mantenerse conectado con el mundo. Y, además, ofrece algo que no siempre se refleja en una analítica: cariño, utilidad y un motivo para levantarse cada mañana. Un amplio estudio realizado con más de 11.000 adultos mayores de 50 años encontró mejores resultados cognitivos entre quienes habían dedicado cierto tiempo al cuidado de sus nietos. La asociación era especialmente visible en personas de más edad, con menos ingresos, sin pareja, que ya no trabajaban o que presentaban limitaciones físicas. Otra investigación, realizada con casi 2.900 abuelos, observó también una mejor memoria y fluidez verbal entre quienes colaboraban en el cuidado.

Y entonces llega el verano. Se acaba el colegio, los padres siguen trabajando y aparece, como por arte de magia, el gran servicio de conciliación familiar que no figura en ningún presupuesto: los abuelos. Durante junio, julio y agosto toca organizar desayunos, llevar a los niños a la piscina municipal, preparar la comida con cuarenta grados a la sombra, intentar que echen un rato de siesta y negociar el uso del móvil como si fuera una cumbre internacional. Todo ello de balde, sin vacaciones reconocidas y estando siempre al quite. El cariño puede con casi todo, pero tampoco conviene confundir a los abuelos con una guardería abierta las veinticuatro horas.

Debemos evitar, por tanto, convertir una asociación esperanzadora en una receta médica o en una obligación familiar. Estos estudios no demuestran que cuidar a los nietos prevenga por sí solo la demencia. También puede suceder que los abuelos que conservan mejor salud sean precisamente quienes están en condiciones de atenderlos. Y, sobre todo, no todos los cuidados son iguales. No es lo mismo recoger a un nieto del colegio, pasar una tarde con él o llevarlo a dar una vuelta por el pueblo que asumir diariamente una responsabilidad propia de los padres. Cuando el cuidado resulta excesivo, impuesto o difícil de rechazar; cuando incluye noches frecuentes, enfermedades, comidas, baños y jornadas enteras sin descanso, sus posibles beneficios pueden desaparecer entre el cansancio, el estrés y la sensación de no dar abasto.

El cariño puede con casi todo, pero tampoco conviene confundir a los abuelos con una guardería abierta las veinticuatro horas.

Por eso, la pregunta no debería ser únicamente si merece la pena que los abuelos cuiden de sus nietos. Naturalmente que puede merecerla: para los niños, para sus padres y también para ellos. La cuestión fundamental es si ese cuidado nace del cariño y de una decisión libre o de una necesidad familiar ante la que nadie se atreve a decir que no.

Los abuelos no son una guardería gratuita ni deben sustituir permanentemente a unos servicios de conciliación que siguen siendo insuficientes. Tienen derecho a ayudar, pero también a descansar, disfrutar de sus amistades, pasear, viajar o decir sencillamente: «Hoy no puedo». Sin sentirse culpables ni tener que dar demasiadas explicaciones.

Cuidar de los nietos despierta la mente, devuelve la vida al hogar y hace crecer el corazón. Pero, como toda buena medicina, necesita una dosis adecuada: cariño, libertad y límites. Porque quien cuida también necesita ser cuidado.

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