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Opinión | Trazos y travesías

Tutelados a destiempo

Cada día pasamos el dedo por encima de cientos de palabras de forma mecánica, pero dedicamos poco tiempo a la lectura reflexiva

Oposiciones a maestro.

Oposiciones a maestro. / Carlos Gil

Como buena parte del funcionariado de educación de este país, temo que la conjunción de letras, números y sorteos me señale como tribunal de oposiciones. Hasta ahora, me echaban para atrás una serie de condicionantes logísticos: delegar el cuidado de mi hija, soportar el calor de aulas que parecen invernaderos o pernoctar lejos de casa. Ahora, una razón inesperada se ha colado en la lista: no me gustaría vérmelas con padres de opositores veinteañeros en las reclamaciones.

 No conozco las circunstancias de quienes protestaron por las notas de sus hijos, ni creo que una imagen aislada represente a todo el colectivo de opositores, pero hay escenas que, como una buena metáfora, se quedan dentro, entre la risa y la pena. Cada vez más, compruebo que existe una falta de correspondencia paradójica entre las metodologías vacías de esfuerzo intelectual que nos imponen como evangelios didácticos y el nivel de exigencia que el alumnado deberá enfrentar a posteriori, en su vida académica y profesional.

En este caso, la tasa elevada de suspensos en comunidades como Asturias o Murcia responde a carencias en comprensión lectora, redacción y ortografía, según han informado los tribunales. ¿Cabría pensar en la relación entre la capacidad de enfrentar adversidades y el papel que juega la lectura en la construcción de la autonomía del individuo?

 Cada día pasamos el dedo por encima de cientos de palabras de forma mecánica, pero dedicamos poco tiempo a la lectura reflexiva. Comprender un texto implica escuchar tanto lo que dice como lo que calla. Además, el hábito de la lectura afina la habilidad para captar ironías, rellenar silencios, distinguir argumentos de opiniones e interpretar metáforas, imágenes, y una serie de figuras retóricas que pueblan los géneros según su naturaleza.

 No es que los jóvenes no lean libros, según las encuestas, leer está de moda; pero, ¿qué tipo de lecturas ocupan sus estanterías? Aprender a redactar requiere haberse enfrentado a textos complejos, sin inteligencia artificial que auxilie, a ser posible. Ejercitar la comprensión lectora se parece a colocar los cimientos de una casa interior en permanente construcción. Además, es un acto profundamente solitario. Quien edifica, sabe dónde cruje el suelo o en qué orientación colocar la ventana para que la casa respire. Quien acostumbra a redactar, también.

 Peco de pesimista en lo educativo, por lo tanto, no me ha sorprendido el porcentaje de suspensos. Aunque lo que más me inquieta es la creciente incapacidad para permanecer solos ante una dificultad: un libro denso, un examen difícil, una nota baja, una expectativa rota, un error propio. La vida va de descubrir que nadie va a venir a pasar las páginas por nosotros.

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