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Opinión | Tribuna

El VAR y la mano de dios

Hay algo que, a mi parecer, ha mejorado notablemente y tiene que ver con la decisión arbitral de si, en una jugada, se debe pitar córner o no

Hossam Hassan, seleccionador de Egipto, hablando con el árbitro galo Francois Letexier en el partido de octavos ante Argentina.

Hossam Hassan, seleccionador de Egipto, hablando con el árbitro galo Francois Letexier en el partido de octavos ante Argentina.

Muy posiblemente no habría subido al marcador aquel famosísimo gol que Maradona le marcó, con la mano, a la Selección Inglesa en 1986, porque, con toda seguridad, el videoarbitraje habría visto con claridad que Dios no movió ni un solo dedo de la mano para marcar aquel gol, sino que fue el habilidoso y pícaro jugador argentino Maradona, quien se ayudó de su mano para encajarlo en la portería de los ingleses.

 Y es que ahora, con el VAR, todo parece o debería parecer más justo, sobre todo porque antes, un solo señor, casi siempre de negro, tenía que adivinar lo que había pasado en el terreno de juego en cada jugada, observando desde cualquier ángulo más o menos favorable a la vista, y ello comportaba una gran dificultad para decidir, siempre con justicia, lo que realmente había pasado en ese lance. Ahora, sin embargo, entre los árbitros de campo y los árbitros del VAR, casi se juntan tantos como jugadores tiene un equipo de fútbol. Claro que, si es para que las decisiones tan importantes que tienen que tomar sean más justas, bienvenida sea esa caterva arbitral.

 Hay algo que, a mi parecer, ha mejorado notablemente y tiene que ver con la decisión arbitral de si, en una jugada, se debe pitar córner o no. Es muy difícil para un árbitro solo saber si, al salir un balón por el fondo de la portería, la ha tocado previamente un jugador del equipo al que pertenece esa portería, sobre todo porque, enseguida, el equipo interesado en el córner hace todos los aspavientos posibles para señalar al árbitro que efectivamente la ha tocado el jugador del otro equipo antes de salir. Un árbitro solo puede equivocarse y era terrible para el espectador ver, después de la repetición que, efectivamente, la jugada no había sido punible como saque de esquina, y sí se había pitado como tal. Una falta y decisión injustas que daban lugar a una jugada desde la esquina altamente peligrosa para el equipo que, en realidad, no había enviado la pelota por el fondo de su portería.

Ahora, con el VAR da gusto ver que el árbitro principal de campo es avisado de que no ha sido córner y le dice al jugador, que ya está preparado para sacar desde la esquina, que traiga el balón para que saque el portero desde puerta. Magnífica ayuda ésta por parte del videoarbitraje, que aporta más justicia a las decisiones del árbitro principal de campo.

Es también muy útil el VAR para desenmascarar las “tiradas a la piscina” de muchos delanteros que, igual que entrenan diferentes jugadas y tiros a puerta, entrenan también las zambullidas al verde, en el momento que sienten la cercanía de la bota del contrario sin haber sido tocados ni un pelo siquiera. Poco castigo se inflige a los delanteros que, después de analizada la jugada, se descubre que su caída ha sido una flagrante mentira con la que se ha intentado engañar al árbitro.

No obstante, aunque creo que la ayuda del VAR es muy buena, todavía no se llegará a la justicia total en las decisiones arbitrales, mientras sean los humanos los que toman la decisión final. Error craso es mantener en el VAR a árbitros que pertenecen a nacionalidades que tienen interés en algún equipo en particular de los que se enfrentan. Aunque la máquina no se equivoque, la condición de la conciencia humana es débil por naturaleza y a la hora de decidir lo que se ve, se cometen abultados errores inesperados. Así pues, la decisión de anular, en este mundial 2026 por ejemplo, el gol que Egipto endosó a Argentina nos hace pensar que todavía hoy, incluso con el VAR, Dios sigue metiendo y parando goles con la mano.

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