Opinión | Encerado y Clarión
El fútbol, mejor con los pies
Cuando España juega unida es absolutamente imparable

España ganó su segundo Mundial en el MetLife / SERGIO PEREZ / EFE
Y España ganó su segunda estrella, como se debe ganar una copa del mundo, siendo el mejor, exhibiendo el mejor juego pero además con la elegancia, educación y sencillez que contrariamente a Argentina, al menos su equipo de fútbol, si se puede llamar a eso fútbol, crean afición admiración y devoción. Devoción por la Roja, la camiseta, no por la cartulina. Dos estrellas. Una cifra que, para quienes todavía creen que el fútbol se gana a base de patadas, agresiones, aspavientos y gestos de quien acaba de descubrir que el árbitro no le pertenece, debe de resultar más difícil de digerir que un asado criollo.
España jugó. Argentina protestó. España combinó. Argentina discutió. España buscó el balón. Alguno una pierna, un tobillo o cualquier parte del cuerpo rival que quedara a una distancia razonable.
Sí, la Roja desplegó el mejor fútbol del campeonato. Pase, presión, talento, velocidad, solidaridad y una cosa que en ciertos ambientes futbolísticos parece estar en peligro de extinción, el juego en equipo por encima de las individualidades, porque cuando España juega unida, y disculpen a quien moleste las similitudes, es absolutamente imparable.
Argentina afrontó la final con una mezcla de fútbol americano, testosterona y ese punto de superioridad moral que tienen quienes llegan al partido convencido de que la épica consiste en que el rival acabe con menos dientes que al principio. Hubo entradas que parecían invitaciones al servicio de traumatología. Hubo gestos. Hubo provocaciones. Hubo malas maneras y malas artes.
Hay selecciones que, cuando el árbitro pita, siguen jugando. Hay otras que cuando pierden, tornan el futbol por el boxeo zafio de bar de barrio. Además, en un ejemplo de antideportividad televisada al mundo entero, dan la espalda al justo vencedor que siempre les trató con el debido respeto y profesionalidad que mostraron frente a Cabo Verde, porque no son las estrellas que luzcas en el pecho, es el respeto por los valores que representa cualquier deporte, pero especialmente el fútbol cuando al fútbol se quiere jugar.
Así, cuando España perdió el balón, lo recuperó. Cuando recibió una patada, se levantó. Cuando llegó la prórroga, marcó. Y cuando sonó el pitido final, levantó la copa, como caballeros. Argentina tuvo que quedarse con el subcampeonato, pero no precisamente como caballeros.
Siempre queda la posibilidad de culpar al árbitro, al VAR, al césped, al viento, a la humedad, a la mala suerte o, si se tercia, a los Reyes Católicos.
España jugó mejor. Y ganó. Ya está.
Y en el fútbol, como en la vida, hay veces que el problema no es que el árbitro te tenga manía. Es que el contrario juega mejor o simplemente juega al fútbol, por cierto, con los pies, el otro es el americano.
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