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Opinión | Desde el umbral

'Conejillo de indias'

El cartel de “Sold out (cobayil)” colgaba de cada tienda tras las Navidades

Una cobaya.

Una cobaya. / Experto animal

Podría uno devanarse los sesos para escribir alguna reflexión profunda, y llenar estas líneas con dudas y certezas, vocablos, citas, referencias, metáforas y alegorías. Pero se acerca agosto, y con permiso de los lectores y de la dirección, traeré algo de ligereza a la columna, que tampoco creo que vaya mal de cuando en cuando.

Hoy vengo a hablarles de esos animalillos adorables que son las cobayas. Y lo hago para recomendarles prudencia si deciden regalarle a hijos, sobrinos o nietos uno de estos animalillos, o no uno, sino más de uno, que a partir de ahí es cuando los problemas crecen. Les cuento. Tuve la brillante idea de regalarle un pequeño roedor a mi hija por su tercer cumpleaños. En la tienda de animales me desaconsejaron los hámsters por su carácter un tanto agresivo en reacción al toqueteo o la manipulación de los humanos.

Sin embargo, me recomendaron la cobaya por su carácter dócil y apacible. Nadie me dijo (eso lo averigüé después) que estos animalillos prefieren vivir en compañía de otros de su especie, y que la soledad, al parecer, los conduce a profundas depresiones, que pueden resultar hasta mortales. Y tampoco caí en la cuenta (en qué andaría pensando yo…) de que las cobayas son conejillos de Indias, y que se reproducen como auténticos conejos. El caso es que la peque acogió a su cobayita con ilusión y amor a raudales. Alegría y felicidad compartidas por papá.

Pero quiso el destino que, allá por Reyes, con solo unos meses de vida, y habiéndole procurado los mejores cuidados, el cuy apareciera, de un momento para otro, postrado en el suelo de su casa y sin hálito de vida. ¿Muerte súbita? ¿Melancolía por la soledad? Nunca se supo la causa. Y tampoco acudimos a la ciencia forense para adquirir conciencia de ello. El caso es que, esquivando el abordaje prematuro de temas como la muerte en tan temprana infancia (que, tiempo después ya hubo que enfrentar, de manera impepinable, por la pérdida de otra mascota familiar), me dispuse, como amantísimo padre de una pequeñaja, a la búsqueda de un sustituto de similares características, que recondujera la dramática situación antes de que la peque se percatase del deceso.

El cartel de “Sold out (cobayil)” colgaba de cada tienda tras las Navidades. Pero -oh, casualidad- hubo llamada salvadora con oferta de cobayas, y, aunque el parecido de las crías a la difunta era como el de un huevo a una castaña, decidí recurrir al relato fantástico para justificarlo y, para prevenir la posible tristeza de la cobaya por los efectos de la soledad, y como estrategia adicional de distracción, no se me ocurrió mejor idea que hacerme con dos ejemplares, con la fortuna de que eran macho y hembra y se han mostrado como una pareja bastante apasionada y muy compatible en términos reproductivos.

Resultado: dos partos de dos, y otro en camino. Entretenimiento diario en limpieza. Ruina económica por la alta demanda de viandas y de un lecho intercambiable a diario para mantener la higiene. Necesidad de migración a espacios más amplios en el pueblo. Separación de la pareja. Y un padre al borde de la búsqueda de un empleo adicional para conseguir ingresos extra y sufragar los gastos derivados de la multiplicación de roedores.

En todo esto hay algo de guasa, y mucho de real, no crean que no… Pero, ¿saben qué? Vale la pena. La cara de disfrute y alegría de la peque, cuando está con los animalillos, compensa todo lo demás. Y ver el milagro de la naturaleza, multiplicando la vida exponencialmente y con frecuencia, ayuda a esbozar una sonrisa viendo a esas criaturitas constituir una familia numerosa en estos tiempos de baja natalidad. De todos modos, hemos empezado el periodo de dación en adopción de algunos ejemplares para hacer sostenible la crianza de los otros. Si gustan, ya saben la que les espera… Solo les diré, por ser sincero y realista, que, ahora, y visto lo visto, no sé si los conejillos de Indias son las cobayas o yo mismo. 

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