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Opinión | Talento y territorio

Francisco Pantín

Francisco Pantín

Presidente de Aspremetal

Empresa o relato: la decisión que marcará lo rural

El futuro de nuestros pueblos no pasa por sostenerlos, pasa por activarlos

Imagen de mujeres rurales.

Imagen de mujeres rurales. / Cedida

Durante años hemos debatido sobre lo rural desde un prisma que, aun bienintencionado, ha terminado por desdibujar lo realmente importante: la actividad económica. Se ha hablado mucho de equilibrio territorial, de cohesión, incluso de resistencia. Pero muy poco de lo esencial: de empresa, de productividad, de generar riqueza real desde el territorio.

Y sin empresa, no hay fijación de población posible.

Conviene decirlo con claridad: el futuro de nuestros pueblos no pasa por sostenerlos, pasa por activarlos. Y esa activación solo puede venir de un tejido empresarial sólido, dinámico y con vocación de crecimiento. Todo lo demás, sin esa base, es coyuntural.

En Extremadura lo sabemos bien. Existe iniciativa, existen empresarios comprometidos con su entorno, existe conocimiento del terreno. Pero demasiadas veces ese potencial se encuentra con un entorno que no acompaña al crecimiento empresarial con la misma intensidad.

Ahí está el verdadero debate.

Porque no se trata de pedir más, sino de pedir mejor. Y sobre todo, de orientar cada medida hacia la creación de un ecosistema productivo real.

La fiscalidad, por ejemplo, debería ser una palanca clara de activación. Pero no desde la lógica de aliviar sin más, sino desde la inteligencia de incentivar lo que aporta valor. Bonificar el IBI a quien amplía actividad, modular el tramo autonómico del Impuesto de Sociedades con criterios de localización y desarrollo, introducir deducciones vinculadas a la modernización de procesos o a la inversión productiva… son medidas que tienen sentido cuando llevan asociada una contraprestación clara: empleo, crecimiento, arraigo empresarial.

No se trata de sostener empresas, sino de hacer atractivo que crezcan aquí.

Ese matiz es clave.

Porque el modelo no puede basarse en dependencias. No puede asentarse en la provisionalidad ni en expectativas ajenas a la actividad económica. El empleo que fija población es el que nace de la empresa, el que evoluciona con ella, el que genera recorrido profesional y tejido alrededor. No el que se agota en sí mismo.

Por eso, también es necesario abrir otro debate, más incómodo pero imprescindible: la mentalidad.

El desarrollo de lo rural no es solo una cuestión de políticas públicas. Es también una cuestión de actitud colectiva. No podemos aspirar a crecimiento si la referencia sigue siendo esperar una oportunidad limitada, cerrada y sin impacto en el entorno. Crecer exige asumir riesgo, adaptarse, formarse y, sobre todo, entender que el progreso es una construcción compartida.

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