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Opinión | Es decir

De lo que no se puede hablar

Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno, ha demostrado ignorar la conclusión de Wittgenstein

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en una entrevista en TVE.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en una entrevista en TVE. / . / EFE

Prueba de que Diana Morant, ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, no ha leído a Wittgenstein –ni tiene por qué, desde luego– es que desconoce aquello de que si todo lo que se puede pensar, se puede pensar claramente, y todo lo que se puede decir, se puede decir claramente, tal vez no todo lo que se puede pensar se pueda decir. Al menos en política. Y Wittgenstein, importa aclararlo, no hablaba de política, sino que escribió el Tratactus Logico-Philosophicus para llegar a una conclusión: «De lo que no se puede hablar, hay que callar».

Pero la ministra Morant, que, como cualquiera, todo lo que puede pensar lo puede pensar claramente –en el sentido de posibilidad y capacidad: «se puede pensar»–, discrepa del corolario de que tal vez no todo lo que se puede pensar se pueda decir –en el sentido ahora de deber, de responsabilidad– y, por lo tanto, lo que piensa claramente lo ha podido decir claramente: «Alberto Núñez Feijóo está dibujando un camino que se parece cada vez más a esos gobiernos criminales como el de Hitler». (Ni una palabra. La declaración de la ministra Diana Morant es para callar y reflexionar: «Feijóo / se parece cada vez más / esos gobiernos criminales / Hitler».)

Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno, ha demostrado también ignorar la conclusión de Wittgenstein: «De lo que no se puede hablar, hay que callar». Y, todo hay que decirlo, lo cierto es que ha callado. Y así ha estado –incluso ante el juez que le investiga–, consciente «de lo que no se puede hablar», hasta la entrevista en televisión el jueves, en la que habló de las joyas, «las dichosas joyas» (Calama), las cuales no tenían «ni uso ni destino», dijo, tampoco «afán patrimonial», sino que «son fruto de un regalo de cortesía personal».

Bien, todo regalo es siempre una cortesía, así que prescíndase de la cortesía y léase «fruto de un regalo personal», siquiera porque una cortesía de ese valor se tiene únicamente a cambio de algo igualmente valioso, mientras que José Luis –es José Luis para sus amigos– puede tener amistades cuya generosidad es proporcional a su riqueza, es decir, sin necesidad de cortesías ni agradecimientos, simplemente desprendidas, altruistas, desinteresadas. Y personales, claro.

Toda amistad de verdad es siempre personal. Así pues, distíngase entre joyas regaladas protocolariamente a un presidente, que entonces era Zapatero  –casualmente, porque podía no serlo–, y las joyas regaladas personalmente a Zapatero, aunque entonces fuera presidente. Y si no, hay que callar. 

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