Opinión | Incendios
Madrid y el clima
Siempre que arde el presente, los gobernantes se remiten a un futuro que volverán a incumplir

Ayuso: La situación es "endemoniada" en el entorno del pantano de San Juan
Madrid ha debutado en el cambio climático a lo bestia. Ayuso intentó apagar el fuego cargando contra las llamas con un lenguaje pletórico de «mamarrachos» y «gilipolleces», términos tristemente estériles como extintores, pero demostrativos de que la humillación superaba incluso a la tragedia medioambiental. En su línea, la presidenta se tomó el mayor incendio de la historia como una agresión personal. El fuego le ha bajado los humos a Ayuso, que no perderá ni un voto. Se coloca al borde de las lágrimas, presume de ser la región europea que más gasta en prevención. Malgasta, cabría matizar a la vista del resultado.
En la otra esquina del ring, la televisión estatal comunica que «Pedro Sánchez se desplaza al puesto de mando», tal vez un exceso de pompa dado que el desplazamiento se mide en unos pocos kilómetros sin salir de la provincia. Tras el control de la catástrofe por el Estado, que también debió asumir el mando en la dana de Valencia ahora que se sabe que puede reclamarlo el ministro, sorprende el optimismo de las autoridades. Desde el viernes se habla de «perspectivas de éxito» (delegado del Gobierno), en contradicción con la ferocidad de las imágenes. Cuesta compaginar la visión esperanzada con el veredicto de que el incendio se hallaba «fuera de la capacidad de extinción», la versión tecnócrata del sálvese quien pueda.
Siempre que arde el presente, los gobernantes se remiten a un futuro que volverán a incumplir. Sánchez anuncia la creación de un Panel Científico de Acción frente a la Emergencia Climática, al que quizá le faltan los términos Sostenible y Solidario para completar el rosario. Sería curioso preguntarle a bote pronto al presidente por el nombre del organismo que se ha inventado, a ver si es capaz de repetirlo íntegro. Seguro que el PCAEC, perdón por la abreviatura, fue recibido con muestras de júbilo por los ciudadanos que llevan una semana durmiendo en camastros en un polideportivo. Los evacuados y confinados superan ya los cien mil, nadie puede descartar que el año próximo alcancen el millón. Poco importa, porque la narración del desastre se interrumpe para proclamar que «El huracán Shakira llega a Madrid». Catástrofes naturales, sin duda.
Matías Vallés es periodista.
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