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Opinión | Encerado y Clarión

Más madera

Vivimos tiempos en los que hasta las llamas tienen ideología. Fuera cual fuere la dirección del viento siempre sopla en sentido contrario de todos

Camión de bomberos en el incendio.

Camión de bomberos en el incendio. / Consorcio Provincial de Bomberos de Castellón

Hay imágenes icónicas del cine que se repiten en nuestra memoria, como la de esos hermanos Marx destruyendo los vagones del tren para echar más madera al fuego de la caldera. Así podríamos describir cómo las tragedias son tratadas por nuestra clase política, y no, en primer lugar las víctimas no se lo merecen, y el resto de la ciudadanía tampoco, que perciben con hastío como se quiere rentabilizar la desgracia ajena.

Mientras una familia llora observando impotente toda una vida en llamas, un pueblo torna calles y plazas en brasas y su campo en cenizas, el otrora verde se viste de gris, el futuro pierde la esperanza, incluso se lamenta la pérdida de lo más preciado que es la vida, lo primero debiera ser callar y trabajar todos unidos para que unos, si no pueden recuperarla toda, rehagan su vida, el pueblo vuelva a acoger a sus vecinos por sus calles y plazas y el futuro se vea con más esperanza que pesimismo.

Sin embargo, vivimos tiempos en los que hasta las llamas tienen ideología. Fuera cual fuere la dirección del viento siempre sopla en sentido contrario de todos. Si viene de la derecha lo siento por la izquierda, y si viene de la izquierda lo siento por la derecha, el caso es buscar un culpable que casi siempre suele ser el otro, o el anterior, y a veces hasta el posterior.

No, aunque alguno se empeñe, el fuego no entiende de siglas. No distingue entre izquierda y derecha, entre gobierno y oposición. Quema igual y no pregunta bando.

Con esto no digo que no pueda existir la crítica, exigir responsabilidades y tomar medidas para que estas tragedias no vuelvan a suceder. Que si más medios, agentes forestales, que si cambio climático, que si el abandono del campo, que si pacto o no pacto, que si por aquí o por allí, bien, todo lo habido o por haber, pero hay momentos para la política y momentos para estar al lado de las víctimas, y por desgracia, ahora y me temo que durante un tiempo, hay que estar con las víctimas.

Mientras observamos delante de una pantalla el horror del fuego, hay bomberos, agentes forestales, emergencias, militares, sanitarios, psicólogos, agricultores, ganaderos, voluntarios y ciudadanos anónimos que no preguntan el color ni quién, si no dónde hay que ayudar, muchos jugándose la vida. También por supuesto la solidaridad de los pueblos y vecinos para con los que lo han perdido todo. Un ejemplo de cómo se debe actuar, un ejemplo de lo que toca ahora.

Y luego no crean que toquen los insultos y los reproches políticos o la búsqueda de culpables, luego viene reconstruir, y no sólo para recuperar lo perdido, para que resurja cual ave Fénix de sus cenizas, mejor. Y ya después de todo eso, entonces sí, entonces es cuando toca, no los insultos, las soluciones y las críticas, mientras tanto, todos respiramos el mismo humo.

Y cuando llegue el momento de volver a las casas, pasear por nuestros pueblos o disfrutar de nuestros bosques, quizá entendamos que hay una forma de hacer política mucho más útil, dejar de echar más madera al fuego destruyendo nuestros propios vagones.

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