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Opinión

Un presupuesto, ¿dos gobiernos?

Tener las cuentas aprobadas es una buena noticia, pero hay partidas de quitan y pon con las que parece que se avanza en direcciones opuestas

Imagen del pleno de presupuestos en la Asamblea, este miércoles

Imagen del pleno de presupuestos en la Asamblea, este miércoles

La aprobación de unos presupuestos anuales debe ser considerada siempre una buena noticia. Refleja estabilidad política y, en consecuencia, contribuye a la estabilidad social, un correcto funcionamiento de las instituciones, trabajo parlamentario y, en suma, que la maquinaria de la sociedad democrática avanza. Se trata de la ley más importante con la que el partido o los partidos en el gobierno y aquellos otros que pueden apoyarlos reflejan sus prioridades y la hoja de ruta que desean seguir, su modo de organizar sus actuaciones de cara al conjunto de la ciudadanía. Sin presupuestos se puede gobernar y gestionar, lo acabamos de ver en el año 2025 en Extremadura y lo vemos en España, pero no son pocos los inconvenientes que se deben ir solventando en ausencia de unas cuentas actualizadas en ingresos y gastos.

Los presupuestos de Extremadura para 2026 se elevan a 8.854 millones de euros, los más altos de siempre, con unas aportaciones del Estado por los tributos recaudados también en máximos. La disponibilidad económica permite no solo mantener el crecimiento en las partidas esenciales para la comunidad extremeña, que son la educación, la sanidad y los servicios sociales, sino ejecutar rebajas fiscales en la línea del ejecutivo de coalición. PP y Vox pueden aprovechar la ola actual para impulsar sus políticas económicas sin que se vea resentido el estado del bienestar que sí padeció años atrás cuando la crisis del 2008.

En este sentido, es más evidente que nunca que la aminoración en las cuentas recién aprobadas de partidas destinadas a la cooperación internacional o sindicatos responden solo a motivaciones ideológicas, y apenas supone de hecho un ahorro significativo dadas las cifras en las que se movían, por mucho que Vox, el socio del gobierno impulsor de esos cambios, saque pecho para el consumo interno de sus seguidores. Los extremeños votaron hace nueve meses y señalaron que el partido de Santiago Abascal debía tener más peso en la política extremeña y la formación ha comenzado a llevar al papel desde su posición de gobierno lo que venía defendiendo en su programa electoral. Se esté o no de acuerdo, la legitimidad de sus acciones es plena.

Eso no quita para que algunas medidas merezcan un análisis desde otros puntos de vista y que, además, se pueda subrayar que algunas de ellas, como esa eliminación de la cooperación extremeña, se encuentre en franca contradicción con el impulso de programas como Extremestiza por parte del ejecutivo regional, que trata de resaltar el carácter solidario y la huella en otras culturas de esta tierra.

Esta sensación de avanzar en ocasiones en direcciones opuestas al mismo tiempo ha tenido otros reflejos claros en los presupuestos aprobados, cuando el Partido Popular ha incluido en las cuentas de sus consejerías algunas de las partidas eliminadas por Vox en la suyas, como las relacionadas con ayudas a entidades conservacionistas o las de familias diversas, ámbito este el de la igualdad y el movimiento LGTBI que la presidenta María Guardiola está especialmente interesada en que no haya retroceso y que ya quedó fuera del acuerdo de gobierno con el partido de Abascal. Sin embargo, el movimiento de quitar de un lado y poner de otro para que todo siga igual, pero que al mismo tiempo cada partido pueda decir que cumple, deja la sensación de cierto trilerismo político, o cuando menos, de la existencia de dos gobiernos coexistiendo en la Junta de Extremadura.

Por otro lado, el nuevo presupuesto no ha contado con aportaciones de la oposición, PSOE y Unidas por Extremadura. PP y Vox no lo permitieron, y rechazaron, sin matiz alguno, los varios centenares de enmiendas presentadas. Dividir el Parlamento en bloques antagónicos tan exactos, negar cualquier posibilidad de diálogo o mínimo entendimiento, incluso en cuestiones menores o de pura gestión, ni invita al optimismo para la convivencia política ni es ejemplarizante para la sociedad, que no es así en la calle ni mucho menos.

Estamos en agosto y estas cuentas tendrán por tanto un recorrido breve. Servirán como antesala de las de 2027, que confiemos reflejen mejor la plurarlidad política que también salió de las urnas el pasado diciembre.

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