Opinión | El Trasluz
Puntos de apoyo

Un par de personas camiando por la calle.
Gracias, gravedad. Gracias, adherencia. Esto es lo que repito como una letanía cada vez que salgo a caminar por las mañanas. Esas dos fuerzas sostienen nuestra relación con el mundo. La gravedad nos impide salir despedidos hacia el espacio. La adherencia evita que, una vez pegados a la Tierra, nos deslicemos sobre ella sin resbalar. Si la gravedad nos ata al suelo, la adherencia nos permite negociar con él. Caminar es una actividad más sofisticada de lo que parece. Cada zancada es un pacto de colaboración entre una suela y un pavimento. Sin ese acuerdo, la gravedad sería insuficiente. Permaneceríamos en contacto con la Tierra, sí, pero como quien intenta conservar el equilibrio sobre una placa de hielo.
Hay personas que, sin embargo, parecen caminar sobre hielo, aunque pisen una acera seca. Las ves avanzar con esa cautela de quien teme que el suelo vaya a retirarse en cualquier momento. No apoyan del todo los pies en ninguna parte. Tampoco las palabras. En una conversación buscan continuamente un punto de apoyo que no llega. Ensayan una frase, resbalan; intentan otra, vuelven a resbalar. Uno tiene la impresión de que les falta una forma de adherencia que no depende de las suelas.
Yo mismo he conocido días así. Días en los que todo estaba en su sitio: la mesa, la silla, el periódico, el café. La gravedad seguía funcionando. Nada flotaba en la cocina. Pero las cosas habían perdido la capacidad de sujetarme. Me apoyaba en una noticia y me escurría. En una llamada telefónica y me escurría. En un recuerdo y me escurría. No era tristeza exactamente. Era hielo.
Luego, sin saber por qué, la adherencia regresaba. No ocurría nada extraordinario. Una frase escuchada al azar en el autobús, el olor de una panadería, una paloma cruzando la calle con ese aire de inspectora municipal. De repente el mundo volvía a ofrecer resistencia. Y comprendía que vivir consiste, en buena medida, en eso: en notar que la realidad se deja empujar hacia atrás con el pie izquierdo para que nosotros podamos avanzar hacia delante con el derecho.
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