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Opinión | Tribuna

Cipriano Hurtado Manzano

Cipriano Hurtado Manzano

Profesor de la UEx

Consideraciones sobre incendios forestales

El campo ha cambiado, la cabaña ha disminuido, la despoblación ha aumentado... Se requiere un mayor esfuerzo económico y coordinación entre todos

Imagen del incendio declarado en Peraleda de la Mata

Imagen del incendio declarado en Peraleda de la Mata / Paco Castañares

Cada verano, los incendios forestales vuelven a ocupar titulares y a recordarnos la fragilidad de nuestro patrimonio natural. Resulta obligado reflexionar sobre una realidad que se repite con demasiada frecuencia y cuyas consecuencias son devastadoras. Montes arrasados, animales muertos, casas destruidas. Sentimientos, pena y dolor en la población. El otro punto a analizar se refiere al cruce de reproches y posicionamiento de los responsables políticos. ¡Responsabilizando el Gobierno central a las Comunidades Autónomas y estas al Gobierno! ¡Que si has sido tú, que no, que has sido tú! ¡Qué si culpa es del Gobierno, que sí la culpa es de las Comunidades!. Mientras la sociedad asiste frustrada a una discusión que rara vez se traduce en soluciones eficaces. ¡Qué pena de políticos!

Independientemente de quién gobierne siempre pasa lo mismo, el bosque se quema. ¡El bosque!, que palabra tan hermosa. La majestuosidad del monte arrasada. Encinas, alcornoques, robles y castaños de más de 200 años perdidos en un solo instante y décadas de años para recuperarlos España cuenta con una enorme riqueza forestal distribuidas en tres tipos de bosques: atlántico, mediterráneo y canario. En Extremadura predomina el bosque mediterráneo, con una formidable biodiversidad se caracteriza por especies como la encina y el alcornoque; las jaras, tomillos, esparragueras, retamas, aulagas, brezos. Las condiciones climáticas de este año han contribuido a agravar el problema. Las abundantes lluvias registradas unidas a las altas temperaturas, ha favorecido un crecimiento extraordinario de la vegetación. Un servidor aficionado a recoger espárragos los ha encontrado con más de tres metros de altura, que da idea de la inmensa masa forestal acumulada en el suelo; normal que este año el número de fuegos se agudice. A ello se suma una transformación profunda del mundo rural.

La ganadería extensiva desempeña un papel esencial en la limpieza natural del monte; cabras, ovejas y vacas son los que fundamentalmente se encargan de reducir el exceso de matorral. Pero a medida que pasan los años esta carga ganadera se reduce considerablemente ya que mucho ganado se localiza en explotaciones intensivas. Todo ello unido al envejecimiento y la despoblación de amplias zonas rurales que afecta a casi el 40% de nuestros pueblos. La población residente está envejecida y la poca mano de obra joven desplazándose a las grandes núcleos poblacionales. El descenso de las cabañas ovina y caprina se ve reemplazado en muchas zonas por los animales de caza. De aquí la importancia de los ungulados: ciervos, gamos, corzos en la conservación del monte. ! Y los grupos ecologistas contrarios a la caza bien gestionada!. La actuación de algunas asociaciones ecologistas deja mucho que desear. Muchos de ellos se oponen a la realización de rayas, cortafuegos o simplemente la eliminación de algo de matorral. Tienen que entender que prohibir determinadas actuaciones pueden ser perjudiciales para el propio monte. Me pregunto ¿Será preferible eliminar una franja arbolada para evitar que se quemen miles de árboles?

Si ya no hay suficiente carga ganadera para limpiar los montes tendrá que ser la mano de obra humana la encargada de suplir esa función y es la Junta de Extremadura la que debe proceder a ello, aportando personal y medios en los meses no estivales. ¡Qué gran labor la de estos profesionales trabajando en condiciones extremas y exponiendo sus vidas! Se ha hecho un gran esfuerzo, pero sigue siendo insuficiente. Se necesitan tantas horas y personal para extinguir un fuego, como para prevenirlo, por lo que la incorporación de agentes forestales no debe circunscribirse a seis meses, los contratos deberían tener una duración anual. El campo ha cambiado; la cabaña ha disminuido, la despoblación ha aumentado y hay cada vez hay menos trabajadores. La lucha contra los incendios forestales requiere un mayor esfuerzo económico y la coordinación entre administraciones, profesionales, propietarios y organizaciones ecologistas. Solo así podremos lograr que esta angustia que nos afecta cada verano deje de convertirse en una pesadilla en los años venideros.

Cipriano Hurtado es profesor de la UEx.

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