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Opinión

Sin explicaciones, porque no las hay

Imagen de la crisis migratoria en Ceuta.

Imagen de la crisis migratoria en Ceuta. / El Periódico

Nada de invasión, lo de Ceuta, sino violación de la integridad territorial, siquiera porque «invasión» excita a los españolistas tipo Vox, que enseguida gritan «hay que cazarlos» (el diputado Figaredo, que chilla mucho), pero sobre todo porque no fue una invasión, sino una violación de la integridad territorial. Aun así, las explicaciones de los servicios de inteligencia, Interior y Defensa –del Gobierno, en fin, que dirige la política exterior y la defensa del Estado– no dicen quién violó la integridad territorial, aun reconociendo que fue una violación territorial, lo que equivale a reconocer una agresión sin agresor. No lo dicen, las explicaciones, porque no hay explicaciones. Y tan creíble es apuntar a las mafias como apuntar al Tribunal Supremo o incluso a Dinamarca: a las mafias por ser lo que son, al Supremo por matizar la ley y a Dinamarca por su malestar con el Gobierno español por la reciente regularización de inmigrantes.

Imposible no recordar aquello de Umbral de que las situaciones insostenibles son las que más se sostienen, sea un matrimonio roto o un sistema político deficiente. Y la situación de Ceuta, precisamente por insostenible, se sostendrá hasta que se disipe sola, bien por asimilación, bien por habituación. Si no ha habido explicaciones ahora, sino el anuncio de comparecencias en el Congreso a finales de agosto, es porque no hay más explicaciones, otras explicaciones. La ministra Robles: «Quiero decir claramente que España tiene unos hombres y mujeres, en el Centro Nacional de Inteligencia, que realizan un trabajo excepcional». El ministro Marlaska: «Hay muchas cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad». Y el ministro Albares, cuando comparezca, no denunciará el desprecio del régimen marroquí hacia sus propios ciudadanos, ni el uso político de la inmigración como medida de presión, sino la falta de solidaridad de Italia por suspender el espacio Schengen y poner controles fronterizos a los españoles, cuando «Italia tiene el doble de entradas irregulares que España y está inundada de migrantes irregulares», según ha dicho, diplomáticamente, eh.

A falta de explicaciones –qué falló, y por qué, y qué se hará para que no se repita–, la conversación se centrará en los menores, cuya tutela debe asumir el Estado si no es posible devolverlos a sus familias. Dura lex, sed lex. Salvo para Cataluña, que no entrará en el reparto gracias a Junts, será el momento de las autonomías.

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