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Opinión | Tribuna

El sol concede un respiro

La propaganda persuade de que dos minutos de cortejo ocultista entre Sol y Luna justifican una experiencia humana milagrosa

Imagen de un eclipse.

Imagen de un eclipse. / Shutterstock

El fenómeno astronómico más extravagante de que se tiene noticia consiste en que la Tierra logre por un solo segundo el equilibrio geoestratégico en su órbita, para mantener en vilo pero en pie a miles de millones de seres humanos. Esta pandilla de desagradecidos contempla el milagro circense de su existencia entre bostezos, hasta el punto de degradarla a una experiencia «cotidiana», que literalmente se repite a diario. Aquí entra en juego el márketing, sin duda el arma de sujeción espiritual más poderosa desde las religiones tradicionales. La propaganda persuade al populacho de que dos minutos de cortejo ocultista entre Sol y Luna justifican una experiencia humana milagrosa. El eclipse promete más de lo que alcanzará, pero este desfase entre la expectación y el espectáculo es la parte esencial del eclipse como éxtasis, que obliga a paralizar la actividad humana en las zonas afectadas. Para rematar la burla, se adjuntan unas gafas esenciales para quien quiera preservar su órganos de visión, pero que reducen el día más intenso de la humanidad a una penumbra borrosa. Equivale a retrasar los efectos especiales más de un siglo, hasta el rodaje de ‘Viaje a la Luna’ de Meliès. En un espectáculo blando, porque no se puede estar en contra de un eclipse.

Alineamiento

El Sol mantiene a las personas con vida, pero ahora contiene la simiente de la autodestrucción terrestre. Con las temperaturas globales más altas jamás registradas, los dos minutos escasos de frío silencio solar supondrán el último segmento de pausa bonancible en un verano de espanto. El astro rey no reposa ni concede tregua, apenas un suspiro. Ejerce de cooperador necesario en otra gigantesca maniobra de engatusamiento. Igual que se convierte a un actor de tres al cuarto con jaqueca en un monarca majestuoso, se singulariza un instante del milagro encadenado de la existencia. Con estos mimbres tan elementales, se concluye un espectáculo que será más (no) visto que el gol de Ferran Torres. Los exaltados concluirán incluso que el alineamiento de los astros supera en importancia a la final del Mundial, pero están equivocados.

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