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Opinión

Mientras haces planes

De niño imaginaba explosiones, persecuciones y escenarios exóticos, hazañas arriesgadas en África o en países remotos, pero de adulto descubres que la épica está en pagar el IBI a tiempo, encontrar un fontanero disponible o conseguir que tu hijo se acueste a una hora prudente sin que estalle la Tercera Guerra Mundial

Cuando era niño me preguntaba a menudo qué sería de mí cuando fuera mayor. Insuflado por las sesiones dobles que veía cada domingo en los cines Coliseum o Astoria-ambos muy cerca de mi casa-,intuía que acabaría siendo un agente secreto, una estrella del rock o un cazador de safaris a lo Hemingway antes de que yo supiera quién era Hemingway.

Ha pasado mucho tiempo de aquello, y aquí estoy, en el porche de una vivienda deun pueblo costero de Galicia, en pantuflas a última hora de la noche mientras todos duermen, haciendo balance de lo que pudo ser y no fue. He de reconocer que en mi vida ha habido mucho de todo -cosas buenas y cosas malas-, pero ninguna de ellas tan trepidante ni tan aventurera como las que imaginé en mi infancia. No estaba en mis planes terminar siendo escritor y columnista de prensa, padre de un hijo con síndrome de Down y aficionado a las plumas estilográficas...

En fin, qué puedo deciryo que no haya dicho ya el Talmud (“El hombre hace planes y Dios se ríe”) o John Lennon (“La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo planes”). En la madurez descubrimos que en la mayoría de las veces no hacemos planes con la intención realista de cumplirlos, sino simplemente de concebirlos, que no es poca cosa.

De niño imaginaba explosiones, persecuciones y escenarios exóticos, hazañas arriesgadas en África o en países remotos, pero de adulto descubres que la épica está en pagar el IBI a tiempo, encontrar un fontanero disponible o conseguir que tu hijo se acueste a una hora prudente sin que estalle laTercera Guerra Mundial.

La vida adulta es para quienes somos ciudadanitos de a pie como una película con presupuesto limitado, sin guión, sin director y sin grandes actores. Una película en una sala vacía que nadie pagaría por ver. Esa narración que prosigue a su libre albedrío hasta que THE END indique que se terminó lo poco que se daba.

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