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Opinión

Regiones abisales

La incomparecencia de Robles se suma a la de otros ministros, como Albares y Grande-Marlaska

En cierta ocasión vi cómo explotaba un pez de aguas profundas al contacto con la atmósfera. Creemos que la profundidad es el peligro y que la luz constituye una especie de salvación universal. Pero quizá llevemos siglos equivocados. De hecho, cada uno de nosotros posee un fondo oceánico privado.

Allí viven deseos reprimidos, recuerdos olvidados, odios sin objeto, culpas sin nombre, escenas de la infancia que continúan gobernando nuestra vida desde la clandestinidad.

Freud lo llamó inconsciente, pero da igual el nombre. Lo importante es la presión. Esas criaturas han aprendido a vivir allí abajo. No necesitan ser rescatadas.

Existe una superstición muy extendida según la cual todo debe salir a la superficie. Confiesa. Exprésate. Cuéntalo. Ponle palabras. Como si la luz fuera, por definición, terapéutica. Y no siempre. Hay confesiones que destruyen matrimonios sin hacer bien a nadie. Hay sinceridades que arruinan una amistad.

Hay verdades que, arrancadas de su ecosistema, producen más daño que la mentira que intentaban poner al descubierto. No toda verdad es transportable. Como esos peces extraordinarios de las profundidades, algunas necesitan una cámara de descompresión. Un ritmo. Una temperatura. Una preparación. Un psicoanálisis. Sacarlas de golpe equivale a sufrir un estallido horrible.

La madurez consiste en aprender que no todo lo verdadero debe decirse en cualquier contexto y que no todo lo oculto debe revelarse a cualquier hora.

Hay silencios que pertenecen más al ámbito de la ingeniería que al de la cobardía. Hay secretos que sostienen la arquitectura de una vida del mismo modo que la presión del océano sostiene la anatomía de un pez imposible. Pensamos que la sinceridad consiste en abrir todas las compuertas, sin distinción de clases.

El ser humano no solo está hecho de aquello que sabe de sí mismo, sino también de esas regiones abisales donde la oscuridad no es un defecto de la luz, sino una condición existencial. Allí abajo hay monstruos, sí, pero hay asimismo dispositivos que nos permiten seguir viviendo en la superficie sin estallar.

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