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Opinión | Trazos y travesías

Desaprender la violencia machista

Manifestación contra la violencia de género, en Cáceres.

Manifestación contra la violencia de género, en Cáceres. / CARLOS GIL

Según un reciente estudio publicado por la SER, casi cuatro de cada diez asesinatos machistas han sido perpetrados por hombres o sufridos por mujeres que constaban en el sistema VIOGEN en los últimos cinco años. En lo que va de 2026, treinta y seis hombres han cometido un homicidio quitando la vida a treinta y seis mujeres a las que un día aseguraron amar, doce de las cuales estaban registradas en dicho programa.

¿Quiere decir este dato que la protección a las víctimas está fallando? Desde luego, la evaluación de riesgo no se adecúa al peligro real en muchos casos. La guardia civil asturiana a la que el ex, también guardia civil, mató en su puesto de trabajo, había expresado en incontables ocasiones su temor a ser asesinada. Por desgracia, tuvo razón: él acabó con su vida sin grandes impedimentos, a pesar de todas las denuncias interpuestas. Como consecuencia, tres menores han quedado huérfanos y, seguramente, traumados para los restos. Ojalá a Soto Ivars le diera por entrevistar a estos hijos sobrevivientes de la violencia machista para que tomásemos más conciencia de sus realidades, en lugar de las magufadas negacionistas que acostumbra.

Quizás lo que falta no sea solamente un apoyo institucional más garante y presente a las mujeres que se atreven a denunciar, sino un trabajo con esos hombres denunciados. ¿Qué pasa con ellos? Por supuesto, las víctimas deben contar con herramientas a disposición para solicitar ayuda ante los malos tratos, pero lo verdaderamente urgente es reeducar a los hombres machistas en la construcción de relaciones basadas en el respeto, la intimidad y la resolución de problemas de forma pacífica.

Hace ya casi diez años disfruté de una estancia corta pero provechosa en Uruguay. Allí trabajé con hombres juzgados por haber ejercido violencia de género e intrafamiliar. El ayuntamiento -allí llamado intendencia- contrataba a talleristas con formación en igualdad de género para llevar a cabo programas de intervención social con esos señores con el propósito de que desaprendieran la violencia normalizada. Otros acudían por sus propias motivaciones para deconstruirse, al haber detectado patrones que les incomodaban: celos, posesividad, control, arranques de ira...

El método CECEVIM surgido en México ha ido expandiéndose por algunos países de América Latina. Allí han entendido que de poco sirve poner el parche después de la herida. Aunque sus técnicas de trabajo con hombres están en permanente revisión y todavía no exista suficiente evidencia sobre su impacto, se han puesto manos a la obra para atajar el problema con quien lo crea: la masculinidad tradicional hegemónica. Juristas, sociólogos, psicólogos o profesores universitarios imparten los cursos y se encargan de realizar el seguimiento de los denunciados y familiares mediante entrevistas personales grabadas para estudiar la evolución. En resumidas cuentas, como decía Benedetti: «Un puente no se sostiene de un solo lado».

Sheila Albalate es docente de idiomas y técnica de Igualdad.

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