Opinión | Espectráculos
Sonrisas y lágrimas
Una señal positiva sería que la gente quisiera vivir en las Hurdes

María Guardiola visita a los vecinos evacuados por el incendio de Las Hurdes / Junta de Extremadura
El pasado domingo, cuando por fin se anunció el control del incendio de las Hurdes, los habitantes de esa comarca se manifestaron en sendas concentraciones, en Pinofranqueado y Nuñomoral, bajo el lema del ‘Hasta aquí. Ni un verano más’. Y es que con el incendio que asoló las cercanías de Nuñomoral, aunque no tan grave como los de otros años (sobre todo el de 2023, que arrasó más de 10.000 hectáreas), no es que llueva sobre mojado, sino que, podríamos decir, arde sobre quemado.
El malestar de los hurdanos es patente, y así lo notó María Guardiola, que se fue llorando tras discutir con los habitantes de la zona, que la increpaban y le echaban en cara la ausencia de su compañero de partido, el alcalde de Nuñomoral, en semejantes circunstancias. Se ve que los del Partido Popular tienen la piel muy fina y no están acostumbrados a que les hablen con malos modos, aunque a quien lo hace se le esté quemando la casa. En cambio, los políticos de izquierda parece que tienen que aguantar que los insulten, a ellos y hasta a sus madres.
Lo de las lágrimas es un recurso fácil en esta época que valora la expresión de las emociones y en la que cuenta tanto la imagen. Por eso también ganó Guardiola, por su sonrisa profident. Ya decía el Joker, el malo de Batman: «Sonríe, eso confunde a la gente». Mientras te fijas en la sonrisa, que desde bebés nos predispone positivamente, te van recortando, o te quitan hace unos meses (después de las elecciones, faltaría más), el puesto del Infoex en Nuñomoral, que quien sabe si habría podido evitar el desastre.
Recuerdo que mi madre me contó que oyó a dos señoronas comentar en el Mercadona, antes de las primeras elecciones que dieron el gobierno a Guardiola: «Ya verás como con esta muchacha que han puesto ahora vamos a ganar, es una buena muchacha, da el perfil que nos gusta y va a hacerse caso de lo que le digan los de arriba».
Más allá de cómo pueden engañar las apariencias, la situación de las Hurdes es triste, por mucho que la idealicen algunos que no viven allí. Es curioso que, por la película de Luis Buñuel, las Hurdes sean conocidas en todo el mundo, más que la propia Cáceres. Una señal hacia fuera de la evolución positiva de Extremadura sería una comarca donde la gente quisiera vivir, y no siguiera en cambio perdiendo población (tiene la mitad de habitantes que hace medio siglo). Difícil, si puede que al verano que viene se te queme la casa.
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