Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna

Tamariz que estás en los cielos

Fue un mago extraordinario e inmortal

Las mejores imágenes de la carrera de Juan Tamariz.

Las mejores imágenes de la carrera de Juan Tamariz. / Europa Press

Nació en Madrid en el 42 y falleció en su ciudad natal en el 26, 83 años de vida de los que, casi todos, quedó prendado y dejó prendados a los demás de su magia. Sus padres le llevaron a un teatro a ver a un mago cuando sólo tenía cuatro años, y ahí se encendió la chispa de la magia en el pequeño Juan. Cualquier regalo que le preguntaban que deseaba, siempre tenía que ver con la magia y el ilusionismo.

A los dieciséis, se preparó para presentarse en la Sociedad Española de Ilusionismo, pero tuvo que esperar a cumplir la edad de dieciocho años para poder ser aceptado en la Sociedad. Juan Tamariz estudió Física sin conseguir graduarse, mientras ingresó en la Escuela Oficial de Cine, donde tampoco llegó a graduarse, aunque llegó a dirigir un par de cortometrajes. En 1970 fundó la Escuela Mágica de Madrid. Casado en cuatro ocasiones, tuvo cuatro hijos.

Y, aunque todas estas referencias y notas sobre el mago pueden encontrarse fácilmente en internet, lo que no se puede encontrar allí es la manera que le afectaba a cada uno de los espectadores, en directo, su presencia y su actuación, siempre muy esperada, en la pequeña pantalla.

Irrumpía siempre de manera precipitada con una pequeña mesa plegable, sobre la que emocionaba e ilusionaba al público que tenía la suerte de encontrarle con frecuencia, porque todavía no habían aparecido demasiados canales ni esas televisiones de pago que atiborran a menudo la mente de los telespectadores. Cualquier programa en la televisión tenía que dejar un hueco para el mago Juan Tamariz. Con un previo y estruendoso “Ta-chán, ta-chán”, simulando que tocaba el violín, aparecía con su melena negra y ondulante, a veces en coleta tocada con sombrero de copa, para desplegar verdadera magia de cartas que hacía las delicias de todos los que le veían y admiraban. Se levantaba siempre las mangas hasta bien arriba del brazo, para dejar claro que allí no había truco ni trampa que valga, sino pura y verdadera magia. Entre unas manos limpias de dedos largos se movían las cartas a su antojo, e incluso cambiaban de color. Con Juan Tamariz, las cartas de la baraja de póker bailaban entre sus manos con una limpieza increíble e inusitada.

Decía Santana de otro mago, de Paco de Lucía, que era una persona extraordinaria e inmortal. Igual que Juan Tamariz, un mago extraordinario e inmortal que, a golpe de chistera, ha volado, como por arte de magia, de la tierra al mismísimo cielo.

Tracking Pixel Contents