Editorial
Votar por Extremadura es un ejercicio de responsabilidad
El ejemplo ciudadano puede ayudar a recuperar el respeto en el debate público, tras una campaña sin suficiente altura de miras

Votación / EL PERIÓDICO
Cerca de 900.000 ciudadanos tienen hoy en sus manos el futuro de Extremadura. La ciudadanía se enfrenta ante una decisión que va mucho más allá de la mera elección de representantes. Votar no es un gesto automático, ni un trámite menor: es un derecho conquistado tras décadas de lucha, de renuncias y, en no pocos casos, de vidas truncadas en defensa de las libertades democráticas en España. Conviene recordarlo en un momento en el que la desafección y el ruido amenazan con vaciar de sentido uno de los pilares básicos de nuestra convivencia.
El sufragio universal no fue un regalo ni una concesión gratuita. Fue el resultado de un largo camino de reivindicación social y política que permitió que hoy cada hombre, cada mujer, pueda expresarse en igualdad de condiciones. Ejercer ese derecho es, por tanto, también un deber moral con quienes no pudieron hacerlo y con las generaciones futuras, que heredarán las consecuencias de las decisiones que ahora se tomen.
La campaña electoral que ha precedido a esta cita con las urnas ha dejado, sin embargo, un poso preocupante. La crispación, el enfrentamiento permanente y un tono excesivamente bronco han dominado en demasiadas ocasiones el debate público, situándolo por debajo de la altura de miras que merece Extremadura. El reproche constante, la descalificación personal y la exageración interesada no han contribuido a enriquecer la discusión ni a ofrecer soluciones reales a los problemas de la región.
Más que consignas y ruido
Extremadura necesita algo más que consignas y ruido. Exige respeto, serenidad y una visión compartida de futuro. Ese tipo de discursos solo alimenta la división y el desencanto. La política debe recuperar el valor del diálogo, del acuerdo y de la cooperación entre quienes piensan diferente, porque solo desde ahí es posible construir una comunidad próspera y cohesionada. Se han cumplido cincuenta años del inicio de la Transición, imperfecta, incompleta, pero que desembocó en un estado de derecho y nos sacó la dictadura. En aquellas fechas se demostró que personas situadas en polos opuestos en cuanto a ideología eran capaces de llegar a un entendimiento en nombre de un bien común mayor.Es el mensaje de “Anatomía de un instante”, la obra del extremeño Javier Cercas, convertida en éxito televisivo. Ojalá sirva de ejemplo de lo mucho que nos jugamos y se deje de trivializar los pilares que sustentan nuestra sociedad.
La máxima expresión de respeto es la participación en las urnas. No desde el tópico de la «gran fiesta de la democracia», tan repetido y tan poco explicativo, sino desde la conciencia individual y colectiva de que abstenerse es renunciar a influir en el rumbo común. Cada voto cuenta porque representa una voz, una preocupación y una esperanza depositada en las urnas.
Acudir a votar es, también, un acto de respeto hacia Extremadura. Hacia su historia, hacia su presente y hacia el futuro que entre todos se ha de construir. Frente al ruido, la palabra; frente a la crispación, el entendimiento; y frente a la indiferencia, el compromiso cívico.
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