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Opinión

El fuego somos todos

El incendio de Jarilla nos dejó la convicción de que la coordinación institucional es imprescindible 

Una finca arrasade por el incendio de Jarilla el pasado verano

Una finca arrasade por el incendio de Jarilla el pasado verano / Jorge Valiente

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Editorial

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Esta semana se cumplirá un año desde que un rayo originó el mayor incendio de Extremadura tras arrasar 16.500 hectáreas. Por desgracia, la región ha sufrido fuegos que han ocasionado una mayor tragedia medioambiental, pero lo que hizo único el de Jarilla, como ha quedado bautizado para la historia negra de los siniestros forestales, y el profundo impacto que ha dejado en la sociedad extremeña fue, además de la amplitud de su perímetro, las circunstancias en las que se registró, de forma simultánea con otra quincena de incendios a lo largo y ancho de la comunidad (y al mismo tiempo, también en otras zonas de España), lo que obligó a los dispositivos y autoridades a un esfuerzo de despliegue de recursos y coordinación hasta entonces nunca vistos en ese grado. Todo ello en el marco de una cadena de olas de calor que forman parte ya de las condiciones en las que se declaran los fuegos de sexta generación.

Detrás de esos megaincendios no hay una única causa y, por tanto, las actuaciones para combatirlos no pueden ser simples. El abandono de los entornos rurales, por ejemplo, que tanto influye en la declaración y rápida propagación de las llamas, exige una actuación transversal de nuestras administraciones que va mucho más allá del ámbito de la protección civil y las emergencias y que conecta con los retos que tiene planteado esa España vaciada, en nuestro caso una realidad palpable en varias comarcas de la provincia de Cáceres.

Asimismo, cualquier resistencia a aceptar todo lo que implica el cambio climático solo entorpecerá la adopción de medidas para cuando se declare este tipo de siniestros, que requieren de unos recursos a la altura del reto que plantean.

Por fortuna, en Extremadura, donde Vox forma parte ahora del gobierno de coalición junto al PP, la ampliación de medios humanos y materiales ha sido una constante a lo largo de los últimos lustros y se ha intensificado más aún precisamente como una de las enseñanzas de Jarilla. Como sucede en todo lo realmente importante (sanidad, educación), también en este terreno todas las inversiones podrán ser siempre vistas por algunos como insuficientes, pero no se trata de poner el foco sobre los déficits o ineficiencias (ni tampoco ocultarlas), sino en asegurarse que haya una realidad presupuestaria creciente y bien orientada para atender este tipo de emergencias forestales, de tal modo que, o no se lleguen a producir, con sus labores de prevención, o que se pueda actuar con la mayor rapidez y eficacia posible. Como se ha podido ver este verano con el incendio de Almería, es una cuestión en la que nos va la vida.

Por otro lado, no se trata únicamente de implementar recursos, sino de profundizar en la coordinación de aquellos de los que se dispone. Ayer, en estas mismas páginas, el vicepresidente de la Junta y responsable de Emergencias, Abel Bautista, ponía sobre la mesa la conveniencia de contar con un Consejo Nacional que permita conocer a ciencia cierta a las comunidades autónomas con qué tipo de medios cuentan en una situación de gravedad, además de clarificar los protocolos de intervención. Es un paso sustancial dos décadas después de la creación de la Unidad Militar de Emergencia (UME) que hoy se reconoce imprescindible para los casos de catástrofes, y con ello se reduciría al máximo que en medio de un desastre medioambiental las disparidades políticas pudieran afectar al combate contra las llamas. Achicar todo lo posible esa variante es otra de las enseñanzas dejadas por los incendios del pasado verano en varias regiones durante los días de agosto. Sin la intervención de recursos estatales e incluso internacionales demandados desde Extremadura, las consecuencias de Jarilla hubieran sido aún más graves.

El conocido lema ‘todos contra el fuego’ forma parte ya de la conciencia colectiva de un país, pero en estos momentos es necesario resaltar la idea de que los fuegos, además, son de todos, y, en consecuencia, la coordinación institucional es imprescindible para lograr los mejores resultados. La intervención en el reciente de Casas de Millán es también un ejemplo de ello.

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