Desde los iniciáticos antruejos o carnestolendas de nuestra provincia, hasta el actual carnaval, el ser humano ha tenido la necesidad de manifestar de diversas formas sus vicios y pulsiones más profundos, sobre todo durante esta celebración, aprovechando para desmelenarse o raparse y mostrar la cara oculta de su persona, cambiando su disfraz diario por uno grotesco visible por todos, que permite esconder su identidad y cuyo anonimato ha sido hasta facilitador de delitos, pecados y malas costumbres, llevándolo a su prohibición en algunas zonas de España, tras la Guerra Civil.

El incógnito logrado gracias al disfraz y la máscara puede dar lugar a comportamientos sin los cuales se revelaría nuestra verdadera identidad exponiéndonos socialmente y corriendo el riesgo de ser juzgados. Pues tras ellos, algunos son capaces de deshinibirse y mostrar abiertamente sus bajas pasiones mundanas, dando rienda suelta a lo que a diario tratan de controlar a toda costa.

A otros sin embargo no les hace falta fecha en el calendario para sacar su lado oscuro: las personas falsas, ¿quién no conoce alguna? Aquellos quienes con su invisible máscara de bondad son capaces de engañar a todos a través de sus actos y carisma. Eso sí, solo de puertas para afuera, en privado, desatan al mismísimo demonio que llevan dentro, capaz de destrozar al ser más inocente y sensible que se les ponga delante, sin ningún tipo de vergüenza o conciencia, pues ambas personalidades son posibles en un mismo ser. Auténticos actores y actrices de su propia vida, que como si de un juego se tratase, a la luz, se interpretan a sí mismos en el papel de buenos y en la oscuridad, revelan su verdadera identidad, manifestando aspectos de su carácter reprimidos racionalmente ante la sociedad, pero tan auténticos como perversos.

La llegada de Don Carnal y su libertinaje desata a comparsas y chirigotas que proclaman veladamente, mediante el sarcasmo, la sátira y la ironía, o incluso explícitamente, lo que de otro modo estaría mal visto: su más procaz crítica socio-política y de liberación sexual. Verdades como puños que la mayoría pensamos pero callamos o comentamos en petit comité y que sólo ahora están permitidas, antes de la llegada de Doña Cuaresma y el retorno al buen camino. Adivinar quién se esconde realmente tras el antifaz y desenmascararlo es nuestra tarea vital diaria.