A veces, la vida te da sorpresas y, de repente, tras más de dos décadas y sus vueltas al sol, te devuelve a un lugar conocido, cambiado por evolucionado y crecido, pero familiar. Un lugar donde te reconoces porque forma parte de ti, como todo pasado, hoy convertido en nueva oportunidad. Y con la mochila cargada de recuerdos y quien hoy eres, con logros y pérdidas en el camino y las arrugas y cicatrices prueba de lo vivido, regresas a donde un día fuiste feliz.

Entras y ves la mesa donde te invitaron a comer paella y hablar de tu currículo y del trabajo que ibas a realizar, con veinte años menos y todo un variopinto futuro laboral por llegar y te das cuenta de que todo sigue igual, menos tú.

Hoy el Centro de Actividades Vera sigue manteniendo su esencia y, si pasas por allí, puedes escuchar el estruendo de decenas de niños viviendo una experiencia inolvidable y formar parte de ella.

Ocho añitos tenía cuando salí de casa por primera vez hacia la colonia de verano (como se llamaban entonces) en Piornal. Aún mantengo su recuerdo muy vivo. Allí aprendí a nadar y la canción de la La leyenda de la Serrana de La Vera que tantas veces he cantado y enseñado a otras personas. Aunque  también fue donde nació mi aversión por las salchichas de bolsa, aún por superar.

Estoy segura de que los días de campamento, inevitablemente, dejarán huella en su ser y les harán crecer como personas, sin dejar de ser niños. Es necesario permitirles asistir a este tipo de encuentros, este año que por suerte y con las medidas sanitarias exigidas se están llevando a cabo de forma segura. Su convivencia entre iguales en entornos de aventura, deporte y diversión y desde edades tempranas contribuye a favorecer la adquisición de valores, educación y perspectiva, de una forma cercana y casi sin darse cuenta. Alejarse por unos días del núcleo familiar y experimentar un sano desapego, libertad supervisada y hasta echar de menos, mientras experimentan y aprenden de forma más relajada y divertida al resto del año, implementa el aprendizaje necesario para desenvolverse en la vida con más y mejores herramientas.

Soy consciente de que el miedo pandémico está presente y las dudas pueden asaltaros, dadas las noticias y no estar vacunados, pero tal vez sea momento de recompensar de este modo, el valiente esfuerzo que les hemos pedido durante el curso y devolverles un poco de esa normalidad perdida que quizá no volvamos a recuperar. ¡Se lo han ganado!