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PROYECTO HASTA FINAL DE AÑO, CON AFÁN DE CONTINUIDAD

Cáritas Plasencia sustituye ya las bolsas con alimentos por tarjetas prepago

Ha entregado unas 30 a familias para que puedan comprar en el supermercado. El objetivo es trabajar por la dignidad de las personas con necesidad económica

Cáritas Plasencia cambia la bolsa de alimentos por tarjetas prepago. TONI GUDIEL

Cáritas tiene claro que es necesario un cambio de modelo en el tipo de atención que presta a las personas con necesidades, enfocado en «la dignidad». Por eso, ha iniciado ya esa transición pasando de la entrega de bolsas de comida en el comedor social a tarjetas prepago con las que el usuario puede acudir al supermercado libremente para hacer la compra.

Cristina Ureba coordina el proyecto Alimentos con dignidad: un nuevo reto para Cáritas Diocesana de Plasencia, que ha recibido una subvención de 61.500 euros gracias a la colaboración entre Cáritas Española y UNESPA (Asociación Española de Aseguradoras y Reaseguradoras).

Para ponerlo en práctica, Ureba trabaja con Yéssica de Arriba, trabajadora social en el comedor de Cáritas y miembro del programa de Infancia y Familia y con Jorge Manuel Valentín, coordinador del departamento de Administración de Cáritas Diocesana de Plasencia. Él se encarga de «revisar las tarjetas, ver si vienen bien, recargarlas...» y recibe los tiques y facturas de los alimentos comprados por los usuarios de las tarjetas prepago para controlar el gasto.

Ureba explica que el cambio de modelo requiere primero una «concienciación» y, por eso, lo primero que han hecho es «recorrer el territorio dando a conocer el proyecto».

Así, se han reunido con los grupos de voluntariado y los equipos de las Cáritas Interparroquiales, que son los que tienen el conocimiento más concreto de la situación de las familias y recomiendan cuáles pueden beneficiarse del proyecto, por su situación.

La finalidad, 40 familias

De esta forma, ya han proporcionado tarjetas a 30 familias, de Plasencia, Miajadas y Béjar. El propósito esta año sería llegar a las 40 y, además, que el proyecto tenga continuidad para poder desarrollarlo en todos los puntos de la diócesis.

También para ampliar el número de comercios a los que los usuarios pueden acudir porque ahora, en un primero momento, están trabajando con supermercados donde las familias hacen toda la compra. Pero la intención es que «cada persona no vaya solo a un supermercado, sino que acuda a varios para comprar diferentes cosas y a los que tenga más cerca de casa».

No obstante, Ureba y de Arriba señalan que este es un «proceso lento» porque hay que coordinar a la entidad bancaria que emite las tarjetas, La Caixa, con la que trabaja Cáritas Diocesana de Plasencia y también a los comercios, al grupo de voluntariado, sin olvidar la parte de contabilidad y administración.

"Muchas son familias normalizadas, que han perdido un sueldo en casa y no pueden llegar a fin de mes"

Cristina Ureba - Coordinadora del proyecto

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El resultado es una «tarjeta monedero» que Cáritas recarga a cada familia, a la que también da sensibilización sobre un consumo responsable y saludable, de forma que «sepan gestionar ese dinero».

Respecto a las usuarias actuales, Ureba explica que el perfil es variable y hay tanto familias con muchos hijos, como otras monoparentales. Sí destaca que hay muchas familias «normalizadas» y que por la crisis del covid se han quedado sin un sueldo en casa y «no pueden llegar a fin de mes».

En esos primeros pasos, han detectado que los usuarios actúan «con miedo» al no estar acostumbrados. Pero el grupo de voluntariado les acompaña y realiza un seguimiento en la primera compra. Pero, «una vez que empiezan, ya van libremente».

«La tarjeta me da paz, tranquilidad, no es lo mismo ir a un comedor que estar en tu casa y comer dignamente»

Usuaria

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Una usuaria que tiene a dos menores a su cargo y que ha pasado de acudir al comedor social a recibir la tarjeta destaca que para ella es «una tranquilidad, me da paz, es muy necesario». Subraya que hay que utilizar el dinero con responsabilidad, pero no duda de que «no es lo mismo ir a un comedor que estar en tu casa y comer dignamente».

El proyecto acaba el 31 de diciembre, pero Ureba y su equipo esperan que tenga continuidad en los próximos años para poder «sensibilizar en el cambio de modelo» porque, paulatinamente, el reparto de comida de fondos europeos desaparecerá.

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