ENTREVISTA | CARMEN SÁNCHEZ ALEGRÍA Médico de Urgencias

Médica de Plasencia: "Hace mucho más efecto un fármaco recetado con amor"

La médico de Plasencia Carmen Sánchez Alegría, con su primer libro.

La médico de Plasencia Carmen Sánchez Alegría, con su primer libro. / TONI GUDIEL

Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Carmen Sánchez Alegría lleva ejerciendo la Medicina más de treinta años, una profesión que entiende como unión entre ciencia y dimensión humana. Por eso acaba de recibir un premio San Fulgencio y además, lo muestra en su primer libro, El amor es la mejor medicina, que presentará el día 10 en Las Claras y el 23 en el Colegio Oficial de Médicos.

Con solo 4 años ya quería ser médico, ¿por qué?

Posiblemente porque tuve una infancia de médico en médico y me apasionaba la mirada de los médicos. La diferencia entre el médico que me ayudaba a mejorar y el que no era el que me llamaba por mi nombre, me explicaba lo que iba a hacer y me sonreía. Yo dije que de mayor quería parecerme a ese señor.

Dice que no hay una asignatura de empatía en la carrera

Ni de empatía ni de cómo aceptar la muerte o dar una mala noticia. Lo que esperas con muchas ganas lo mitificas y para mí entrar en el aula magna era algo sagrado. Llegué y me compré todos los libros gracias a mi padre. Creía que iba a encontrar la sabiduría y encuentras datos, conocimientos, pero nada que ver con lo que yo buscaba.

¿Qué hace falta por tanto en la universidad?

Hace falta que te enseñen desde la humildad a saber escuchar y a resolver emociones porque estamos en contacto con el dolor; a saber gestionarlo, pero sobre todo a llamar al paciente por su nombre y a entender lo que decía Hipócrates de curar a veces, pero siempre estar y aprender la diferencia entre curar y sanar. Eso lo he aprendido de mis pacientes.

"Antes de empezar a ejercer, los médicos deberíamos ser pacientes y ver la diferencia entre una cara que nos sonríe y alguien que está mirando el ordenador y no nos presta atención"

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Sin embargo, un médico también llega a ser paciente

Claro. Antes de empezar a ejercer, todos los médicos deberíamos ser pacientes. Los médicos deberíamos quitarnos la bata blanca, ponernos un camisón con el culo al aire, quitarnos el fonendo, que es una especie de herramienta de poder, sentir dolor y ver la diferencia entre una cara que nos sonríe y alguien que está mirando el ordenador y no nos presta atención, por muy bueno que sea. El poder de una mano es magia y agarrar la mano a un paciente cura mucho más que todo lo demás.

Muchos médicos dirán que está loca

Sí y cuando empiezas a ejercer los comentarios te impresionan, pero después de 32 años me impresionan poco y muchos de los que se reían de mí me dicen: «hazme algo de eso tuyo y que no se enteren estos».

Ha dicho que es diferente curar de sanar, ¿cuál es la diferencia?

La curación viene de fuera, es un proceso que depende de si un médico te hace un buen diagnóstico y te pone un buen tratamiento, pero la sanación es interna y, si no combinas eso, la enfermedad se convierte en crónica.

¿Por qué decide escribir un libro?

Porque mis pacientes, que son mis mejores maestros, me decían: doctora esto por qué no lo escribe y mi marido, que es escritor, llevaba muchos años diciéndomelo. Yo llevaba un tiempo intentando dar forma al libro y entonces me escribieron de Penguin Random para proponerme un libro sobre la visión holística de la Medicina. Al principio creí que era phising (ríe).

¿Por qué lo recomendaría?

Porque a mí, siendo estudiante de Medicina, me hubiera encantado leer un libro parecido. Era mi primer motivo, pero ahora que hay pacientes que me dicen que lo han comprado y les está ayudando, digo que los verdaderos recursos de la sanación están dentro de nosotros y no nos lo dicen y son recursos que complementan a la medicina. Lo que reflejo es lo que tienes que poner de tu parte para que la labor que hace un médico sea más eficaz.

Pero quien lea el título puede pensar que tira piedras sobre su propio tejado

Yo no digo que el amor sea la única medicina, pero hace mucho más efecto un fármaco recetado con amor y desde la confianza que prescribir un fármaco estupendísimo a un paciente al que ni siquiera has mirado a los ojos.

"Veo pacientes que necesitan fármacos por un divorcio, un examen y medicalizamos la vida y eso es muy peligroso"

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En el libro habla de muchísimos viajes que hizo en lugar de quedarse en lo seguro, ¿por qué?

Porque como yo quería más, me fui por todas partes, allí donde hubiera alguien sensibilizado con el sufrimiento y que tuviera herramientas para mejorar eso. Me encontré con todas las culturas y lo bueno es que, aunque hablen en diferentes idiomas, todos tienen algo en común, que es el amor, que es conectar con nosotros, que somos amor y los chamanes, curanderos, sanadores, lo saben muy bien, el amor unido a confianza, aceptación, respiración, alimentación, los pensamientos positivos...

¿Cree que tendemos mucho a automedicarnos?

Creo que no nos permitimos el lujo de estar tristes y la tristeza es una emoción tan sana como todas las demás. Lo que ocurre es que está mal vista y veo pacientes que necesitan fármacos por un divorcio, un examen y medicalizamos la vida y eso es muy peligroso porque nos acostumbramos a estar tomando todo el día fármacos. Por otro lado, siempre anhelamos ser tan felices como creemos que son los otros y, si los otros toman algo, queremos lo mismo. Además, queremos el fármaco que me lo solucione en un día, todo rápido.

Dice que el cuerpo avisa cuando tenemos que parar

Siempre. Tenemos dentro una brújula fantástica, pero hemos perdido la conexión con nuestro cuerpo, que sigue mandando mensajes y, si no le hacemos caso, puede sorprendernos con cosas serias. El cerebro, ante un estrés crónico que no sabe controlar, elige la enfermedad y por eso nos para.

Por tanto, ¿qué debemos hacer cuando nos duela algo?

Primero escuchar al cuerpo porque duele por algo, el dolor es una señal. Consultar con el médico para un diagnóstico preciso, no buscar en internet y, después, ayudar nosotros a que el dolor se vaya cuanto antes.

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