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Ejemplos

Gitanas que rompen clichés en Plasencia

Adela Vázquez, su madre Yolanda y su tía Tamara representan a una mujer gitana que da valor a la educación y huye de estereotipos

Se quejan de que hay muy poco trabajo para el gitano y poca integración

Tres gitanas de una misma familia que rompen clichés en Plasencia.

Tres gitanas de una misma familia que rompen clichés en Plasencia. / TONI GUDIEL

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Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

Los tiempos van cambiando y la mujer gitana ya no es la que «se queda en casa barriendo y fregando, cuidando de sus hijos mientras su marido se busca el porvenir». Un ejemplo de ello son tres mujeres de una misma familia, Adela Vázquez, de 23 años, su madre, Yolanda Jiménez y su tía y hermana de esta, Tamara Jiménez.

Todas le dan mucho valor a la educación y, de hecho, las tres han estado estudiando en el Centro de Educación Permanente de Adultos. Adela acaba de terminar tercero de ESO y «ya me he matriculado de cuarto», dice orgullosa.

Tiene claro que «hasta que no acabe la ESO no paro» y tampoco descarta seguir estudiando después, aunque también le gustaría trabajar.

Valora los estudios porque suponen «más cultura, una estabilidad y una rutina» y, cuando le preguntan en qué le gustaría trabajar, afirma rotunda: «Para mi pueblo, ayudando a la integración de mi pueblo, que hay muy poca».

Tres gitanas que rompen clichés en Plasencia.

Tres gitanas que rompen clichés en Plasencia. / TONI GUDIEL

Adela opina que tanto los payos, o paisanos, como les llaman ellas, tienen ideas preconcebidas de los gitanos «como al revés» y ni unos ni otros ponen de su parte para llegar a integrarse.

En el caso de los estudios, las tres consideran que muchos gitanos los abandonan, por un lado, porque «creen que no les hace falta» y, por otro, porque «no nos sentimos bienvenidos. Les da vergüenza preguntar porque se ríen de ellos» y señalan que en algún instituto «les ponen a todos en un aula, separados de los demás».

Su objetivo es que la mentalidad del gitano sobre el estudio cambie, aunque también afirman que para ellos «hay muy poco trabajo» y, cuando llegan a una entrevista, «nada más que ven que eres gitano, ya no te quieren».

"Hay racismo en Plasencia"

Dicen que eso ocurre en la provincia de Cáceres porque Badajoz va muy por delante en ese sentido. No obstante, señalan que han recibido mucho apoyo del ayuntamiento, el Sexpe, el programa Crisol de la Junta, los colegios y el centro de educación para adultos.

Tamara ha sido promotora gitana durante más de dos años y, como el mundo de la educación y el trabajo para erradicar el absentismo escolar le encantó, forma parte de la Asociación de Madres y Padres del colegio de La Paz y colabora para «que las familias hagan caso al centro, den dinero cuando hay que darlo, vayan a las reuniones... He visto mucho cambio, ahora no hay tanto absentismo, pero hay que cambiar la mentalidad de los papás», apunta.

Por su parte, Yolanda también ha estudiado en el centro de adultos, es la presidenta de la asociación de mujeres gitanas de Plasencia, e incluso se convirtió en empresaria en una ocasión alquilando un establecimiento de hostelería. Sin embargo, no funcionó porque «contratamos a un paisano, pero en cuanto la gente veía que las que estábamos detrás éramos gitanas, se iban».

Las tres coinciden en afirmar que en Plasencia «hay mucho racismo» porque lo han vivido y lo siguen viviendo. De hecho, Adela señala que hace poco tiempo las han echado a ella y a unas amigas de un establecimiento hostelero.

Con la Federación de Asociaciones del Pueblo Gitano Extremeño (Fapugex) han hecho cursos, pero lamentan que no se han materializado en trabajo. Mientras, Yolanda lanza una petición. «Le pido a la sociedad que nos dé la oportunidad de conocernos y no nos juzgue porque no todos somos iguales». 

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