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Jubilación de un negocio tradicional

La churrería La Placentina de Plasencia dice adiós, tras 73 años de trabajo

Agustín González abrió el establecimiento en el año 1952 y, después, lo han continuado su hija Juana, sus nietas Iluminada y María Luisa y su bisnieta Cristina

Las mujeres de la churrería placentina dicen adiós, tras 73 años de trabajo.

Las mujeres de la churrería placentina dicen adiós, tras 73 años de trabajo. / TONI GUDIEL

Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

"Después de 73 años llenos de madrugones risas compartidas y churros hechos con el corazón, ha llegado el momento de cerrar las puertas de nuestra churrería". Es el mensaje que ha trasladado la Churrería La Placentina a todos sus clientes. El próximo 24 de diciembre, cuando termine su jornada en Plasencia, será la última vez.

Situado en la calle Rincón de Ovejero, Agustín González Rodríguez abrió el negocio en el año 1952 y, quince años después, su hija Juana González Iglesias se hizo cargo del establecimiento junto a su marido. Más tarde, enviudó y lo han mantenido los últimos años sus hijas, una nieta y su marido.

Juana, el 'alma' de la churrería

Mujer aguerrida, Juana comenzó a los 14 años atendiendo a la clientela mientras su padre hacía los churros para después aprender todo lo necesario para salir adelante y mantenerlo. Tal fue su cariño y entrega que no se jubiló hasta que cumplió 82 años. Ahora, sus hijas han decidido seguir sus pasos. "Lo hacemos por la merecida jubilación de las mujeres de la familia que la han sostenido con amor generación tras generación", han explicado.

Su dedicación ha sido plena. De hecho, Juana ha seguido bajando a la churrería durante años (la familia construyó una vivienda en el piso superior) y no ha perdido detalle de lo que hacían sus hijas y de cómo iba el negocio. Les cedió el testigo a Iluminada y María Luisa Sánchez González y también han trabajado en la churrería su nieta Cristina Vadillo y su marido, Luis Segovia.

Artesanal

Lo más destacado de La Placentina ha sido siempre su carácter artesanal, un trabajo manual al que se han mantenido fieles y que se ha notado en la calidad de sus churros. "No nos gustan las máquinas", decían las tres mujeres en noviembre del 2023.

A Juana le hicieron un homenaje en marzo del 2003, promovido por la asociación de viudas, con motivo del Día de la Mujer Trabajadora y veinte años más tarde, en noviembre del 2023, el ayuntamiento decidió dedicarle la calle donde se ubica la churrería.

Juana González, en la churrería La Placentina, en 2023.

Juana González, en la churrería La Placentina, en 2023. / TONI GUDIEL

Manos y esfuerzo

Sus sucesoras han destacado en su anuncio de jubilación que han puesto sus "manos, esfuerzo y alma en cada día" que han compartido con sus clientes, a quienes han dedicado sus mejores palabras: "Sois quienes habéis dado vida a este pequeño rincón con vuestras charlas, vuestros buenos días, vuestras costumbres y vuestra compañía".

Para las mujeres de La Placentina, los clientes han hecho que la churrería "se convirtiera en un hogar". Por eso, han querido darles las gracias "por vuestra fidelidad, por traernos vuestras historias, por crecer a nuestro lado y por permitirnos formar parte de vuestras mañanas. Cada gesto, cada sonrisa y cada recuerdo se queda con nosotros para siempre".

Por eso también se han despedido "con emoción y con enorme gratitud, sabiendo que en cada corazón quedará un pedacito de lo que hemos sido juntos".

Elogios de sus clientes

La noticia del cierre de la churrería ha entristecido a quienes, más que clientes, han sido familia. Así, no han dudado en expresar todo lo que la churrería ha significado para ellos. "Os vamos a echar muchísimo de menos después de tantos años de clientela y, sobre todo, de cariño y amistad. Esos churros son y serán siempre insuperables y los desayunos ya no volverán a ser lo mismo", ha señalado un cliente.

"Recuerdo que de pequeño iba a comprar todos los días un par de churros para mi padre para el desayuno. De eso hace ya 40 años", afirmaba otro. "Es una pena enorme que no continúe el negocio porque para mí son los mejores churros que he comido y comeré en mi vida", decía un tercero.

Todos han coincidido además en desearles una feliz jubilación y "a disfrutar de vuestro merecido descanso".

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