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Aviso de una tendencia al alza

La denuncia de boutiques de moda en Plasencia: "Nos utilizan de probadores y luego compran por internet"

Varias tiendas de moda femenina de Plasencia confirman que sufren la práctica de clientas que se prueban prendas y luego las adquieren online, aprovechando el asesoramiento ofrecido

La denuncia de boutiques de moda en Plasencia: "Nos utilizan de probadores y luego compran por internet".

La denuncia de boutiques de moda en Plasencia: "Nos utilizan de probadores y luego compran por internet". / Toni Gudiel

Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

Entrar, pedir consejo, probarse varias prendas, recibir asesoramiento personalizado y, después, marcharse del establecimiento, a veces con un "me lo voy a pensar", e incluso con un compromiso de compra, para luego adquirir la prenda por internet.

Esa es la práctica que la dueña de una boutique de moda de Plasencia ha denunciado a través de sus redes sociales, tras haber sufrido un caso hace una semana. Otros establecimientos consultados en la ciudad, sobre todo de moda femenina, han confirmado que también han pasado por esa situación y que, aunque no es mayoritaria, se da cada vez con más frecuencia. Advierten que, de extenderse esta práctica, podría terminar con un comercio local que ya compite en condiciones difíciles con la venta on-line.

El caso que denunció Doméstica

La dueña de Doméstica decidió hacer público en redes sociales uno de los episodios que, según explica, le llevó a alzar la voz. Relata que una clienta acudió el sábado 4 de abril a la tienda en busca de un vestido para el bautizo de su hija, sin tener claro qué modelo quería, y que durante un largo rato recibió atención, pruebas y asesoramiento.

"Le estuve enseñando como a todo el mundo, que es lo que hacemos todas, asesoramos. Al final se decidió por unos cuantos, se los estuvo probando, le dediqué bastante tiempo", explica. Según ha señalado, la mujer terminó inclinándose por un modelo concreto que, sin embargo, no le cerraba bien. "Me estuvo diciendo que se decantaba por ese y que creía que una talla más. Yo le dije que no, que yo pensaba que serían dos tallas más, no una más, porque le faltaba bastante la cremallera".

La comerciante explica que, además de la talla, también orientó a la clienta sobre posibles arreglos y complementos. "Estuvimos hablando de qué zapato ponerse, lo que es asesorar a una persona, que para eso estamos las tiendas pequeñas, y dedicarle un tiempo y un asesoramiento profesional", afirma.

Al final, lo compró por internet

Como no disponía en ese momento de la talla, quedó con ella en llamarla el lunes, tras consultar con la firma si tenía su talla. "Le dije que el lunes por la mañana llamaba a la firma y ya la avisaba si lo había o no lo había, y si lo había se lo enviábamos sin ningún problema", recuerda. Sin embargo, cuando logró localizar la prenda y telefoneó a la clienta, la respuesta fue otra. "Me ha dicho que ya se lo había comprado, que lo había conseguido. Yo sabía que en Plasencia no, porque esa firma solo la tengo yo, y se lo dije: Lo habrás pedido on line. Y me ha dicho: Sí, sí, lo he pedido on line".

Doméstica, el comercio de Plasencia, cuya dueña ha dado la voz de alarma.

Doméstica, el comercio de Plasencia, cuya dueña ha dado la voz de alarma. / Toni Gudiel

La empresaria asegura que le reprochó la decisión por considerarla injusta y que debía haberle dado la oportunidad de que la llamara, que es en lo que habían quedado porque le había dedicado tiempo y luego ella "ha ido ya a tiro hecho. Me lo ha reconocido y me ha dicho que tenía razón".

Ser más solidarios y menos egoístas

Días después de la denuncia, ya con más distancia, la dueña de Doméstica ha apuntado que no se trata solo de una venta concreta, sino de una tendencia que observa en el sector. "Hay que tener más conciencia, ser más solidarios y menos egoístas. Observamos que nos utilizan de probadores", lamenta. A su juicio, el problema va más allá de Plasencia y afecta al comercio de muchas ciudades. "Esto está pasando en todas las ciudades. El comercio local está desapareciendo y luego mucha gente te dice que no hay nada en Plasencia, que no hay nada en Cáceres o en Salamanca, pero tampoco contribuyen a que el comercio tire para adelante".

La empresaria deja una reflexión final sobre la repercusión colectiva de estas decisiones: "No pensar en tu ciudad me parece muy egoísta, porque si tú vives aquí, tus hijos viven aquí, al final todos nos vamos a beneficiar de todo. Cuantas más cosas haya, va a ser positivo para todo el mundo".

Modas Cereza: "La gente se carga el comercio local"

Desde Modas Cereza comparten la sensación de que esta práctica se repite y debilita a las tiendas de proximidad. María Piedad Muñoz sostiene desde el establecimiento que el problema no está solo en quienes se prueban la ropa y luego compran por internet, sino también en encargos que finalmente no se recogen.

"La gente se prueba la ropa para luego comprarla por internet", resume. Como ejemplo, recuerda un caso reciente: "Hace cosa de 10 días, una clienta me encarga una parca de una firma con la que yo trabajo y es supercurioso porque ya no nos coge el teléfono ni a mi compañera ni a mí".

María Piedad Muñoz, en Modas Cereza de Plasencia.

María Piedad Muñoz, en Modas Cereza de Plasencia. / Toni Gudiel

A su juicio, el daño no se limita a una venta perdida, sino que acaba pasando factura a la relación con la clientela y a la supervivencia del negocio. "Al final luego encima se pierden clientes. La gente se está cargando el comercio local al comprar por internet", ha afirmado.

La comerciante reivindica además el valor de la experiencia presencial al comprar moda. "La ropa se la tienen que probar, que es muy importante, porque tú el producto lo tienes que tocar. Yo desde luego por internet no compraría y el producto me lo tengo que ver puesto, si me sienta bien", explica.

Piú: tiempo invertido que no se valora

Por su parte, la responsable de Piú, Sandra Serrano, también describe situaciones que, aunque no siempre terminan con una confesión expresa de compra online, sí le dejan la impresión de haber invertido tiempo en balde.

"Alguna vez he pedido algo y al llegar y llamar me dicen: Es que ya me lo he pensado, ya no lo quiero" y yo ya lo tenía pagado", relata. En otros casos, dice, el problema aparece tras una atención larga y minuciosa en tienda. "Nuestra hora, hora y media, que hemos estado atendiéndola, ese tiempo es nuestro", resume.

La boutique Piú, en la calle Talavera de Plasencia.

La boutique Piú, en la calle Talavera de Plasencia. / Toni Gudiel

Como ejemplo, menciona una escena muy parecida a la relatada por la dueña de Doméstica, que ocurrió además el mismo día. "Ese sábado tuve aquí a una chica, mami de bautizo de una niña, y lo mismo. Se ha probado un montón de cosas, he estado mucho rato con ella y luego me dice: Bueno, lo voy a pensar", explica.

Más allá de quién fuera la clienta o de dónde cerrara finalmente la compra, lo que subraya es el coste invisible de esas visitas. "Perdemos el tiempo y eso no se valora", lamenta.

Mercedes Derecho: "No son la mayoría"

La visión de Mercedes Derecho es más matizada. La comerciante subraya el peso creciente de internet en todos los sectores, pero asegura que, en su experiencia, ese tipo de comportamiento, el de probarse para luego comprar on line, no representa la norma.

"Internet hoy día es una piedra en el camino para todos los negocios, pero no solo de ropa, de todo, y quien diga que no, miente", sostiene. No obstante, aclara que su caso no coincide del todo con los testimonios anteriores. "Viene gente diciéndome que ha visto algo y se lo prueba, puede que haya algún caso que luego compre por internet, pero no son la mayoría", afirma.

Su postura introduce un matiz en un debate que preocupa al pequeño comercio de Plasencia, donde las tiendas de moda intentan competir no solo en precio o stock, sino también en cercanía, criterio y atención personalizada.

Una queja que va más allá de una venta

Las cuatro voces coinciden, con distinta intensidad, en un mismo diagnóstico: el pequeño comercio siente que hay clientes que se aprovechan de su trabajo, que incluye tiempo, conocimiento del producto y trato cercano. En una ciudad como Plasencia, donde el comercio local es especialmente relevante, la inquietud no se limita a una anécdota puntual, sino que preocupa por lo que puede suponer para el futuro de las tiendas de proximidad.

Las dueñas consultadas entienden que internet forma ya parte de los hábitos de compra, pero reclaman que, al menos cuando una clienta recibe atención detallada, asesoramiento y una orientación profesional que le ayuda a decidir, exista también una mayor conciencia sobre el impacto que tiene convertir a las boutiques en un simple paso previo antes del clic final.

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