Sector en declive
El anuncio de cierre de Band en Plasencia reabre el debate sobre el futuro del comercio textil en la ciudad
Fernando Santiago, presidente de Zona Centro y Fescop, apunta a la competencia on line, los altos alquileres y la presión fiscal como factores clave en la fragilidad del sector textil placentino

El anuncio de cierre de Band en Plasencia reabre el debate sobre el futuro del comercio textil en la ciudad. / Toni Gudiel

El anuncio de cierre de un nuevo comercio textil en Plasencia, la tienda Band, situada en la avenida de La Salle, ha vuelto a poner el foco sobre la situación del comercio de moda en la ciudad, donde en los últimos años han ido desapareciendo varias franquicias. La clausura de este nuevo establecimiento reabre además un debate de fondo en una capital comarcal donde el comercio sigue siendo una de las patas esenciales de su economía junto a la hostelería y el turismo.
Plasencia ha sido históricamente una ciudad de servicios y su Centro Comercial Abierto ha funcionado como referencia para buena parte del norte extremeño. Dentro de ese mapa comercial, la calle del Sol ha ejercido durante años como la gran milla de oro del pequeño y mediano comercio, combinando franquicias, tiendas tradicionales y un flujo constante de clientes llegados tanto de la ciudad como de las comarcas.
Un goteo de cierres en el textil
El anunciado cierre de Band, con carteles de liquidación de productos, e incluso de alquiler del local, se suma a una secuencia que el comercio placentino sigue con preocupación. En ese listado aparecen ya los cierres de Pull and Bear, Bershka, Kiddy's Class e Inside, una pérdida progresiva de oferta textil que afecta a la imagen comercial de la ciudad y a su capacidad de atracción, especialmente entre el público joven.
En el caso de Inside, el cierre dejó además otro dato sobre la dificultad de sostener determinados negocios en las calles más cotizadas. El local de la calle del Sol, con 197 metros cuadrados, salió al mercado con un alquiler de 5.000 euros mensuales, una cifra elevada aunque no excepcional en esa vía, donde algunos establecimientos consultados sitúan incluso rentas por encima de los 7.000 euros.

Comercio textil Band de Plasencia, que ha anunciado su cierre. / TONI GUDIEL
La salida de operadores textiles no tiene una única causa, pero sí un denominador común: la sensación de que el equilibrio económico de este tipo de negocios es cada vez más frágil. A los costes fijos se suma una transformación del consumo, sobre todo a través de internet, que está golpeando con fuerza a las tiendas físicas.
"La competencia on line es feroz"
El presidente de la asociación de comerciantes Zona Centro y de la federación de comercio Fescop, Fernando Santiago, resume ese escenario con una frase: "La competencia on line es feroz". También apunta a otros factores que, a su juicio, están erosionando la viabilidad del sector, como los "alquileres excesivos" y la "presión fiscal", unido a un "margen de beneficio cada vez menor".
Santiago sostiene que detrás de un cierre no solo está la caída de ventas, sino el peso acumulado de muchos gastos que rodean a cualquier negocio. "Hay muchos gastos en un negocio, no solamente la venta directa", explica, e insiste en la dificultad de mantener abierto un establecimiento cuando se encadenan costes elevados y menor rentabilidad.
Su diagnóstico enlaza con una preocupación que el propio sector viene trasladando desde hace tiempo en Plasencia: el comercio local necesita seguir diferenciándose por el trato, la cercanía y la atención personalizada y especializada, pero eso ya no basta por sí solo para compensar el nuevo escenario.
Una ciudad que depende del tirón comarcal
En esa reflexión aparece otro elemento decisivo para entender el caso de Plasencia: su papel como cabecera de servicios. Santiago subraya que, en su caso concreto, al frente de una tienda de moda masculina, el peso del cliente que procede de las comarcas sigue siendo altísimo y lo sitúa en torno al 90%, un dato que refleja hasta qué punto el comercio placentino depende de mantener su capacidad de atracción sobre el conjunto de las comarcas.
De esta forma, cuando desaparecen marcas reconocibles o tiendas especializadas, el centro pierde parte de su fuerza como destino de compras y se debilita una red comercial que no solo vive del consumidor local. En una ciudad como Plasencia, donde muchos clientes siguen llegando desde el entorno rural, conservar variedad y densidad de oferta sigue siendo clave.
Reclamación de un plan específico
Fernando Santiago entiende que el sector puede seguir trabajando en la dinamización comercial, en la visibilidad y en reforzar los valores de proximidad, pero cree que eso no es suficiente sin una intervención mayor por parte de las administraciones. Según sus palabras, hace falta "un plan de gestión específico para cada población" que analice por qué en unos lugares cae el consumo del comercio local y en otros resiste mejor.
A su juicio, ese diagnóstico debe hacerse contando con quienes conocen el terreno de primera mano: los propios comerciantes. La idea de fondo es que no todas las ciudades comerciales tienen el mismo problema ni requieren la misma respuesta, y que Plasencia necesita una estrategia ajustada a su realidad concreta, marcada por su dimensión comarcal, la presión de internet y el coste de mantener abierto un negocio en las calles más codiciadas.
El comercio textil, ante una nueva etapa
Aunque hay otros establecimientos que están abriendo y de otros sectores, la pérdida continuada de tiendas de ropa es relevante porque no solo afecta a los empresarios del sector, sino también a la vida de las calles, al empleo y a la capacidad de la ciudad para seguir funcionando como referencia para el norte de Cáceres.
En una capital que ha presumido durante décadas de músculo comercial, cada persiana que baja en el textil añade presión sobre un modelo que busca adaptarse y resistir sin perder su identidad.
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