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Romance frustrado

El Marqués de Mirabel y la fuga de su ahijada: el origen de un colegio de huérfanas en Plasencia

En 1813, la fuga de Carlota Freda del palacio del Marqués de Mirabel desencadenó una serie de eventos que culminaron con su ingreso en un convento y el futuro establecimiento de un colegio para huérfanas

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Toni Gudiel

Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

El palacio del Marqués de Mirabel de Plasencia, actualmente propiedad de la casa Falcó, el convento de la Encarnación de las monjas Dominicas, el colegio San José, el ejército inglés, una fuga de película y un romance entre una joven y un oficial Parecen los elementos de un guion de cine, pero en realidad, estuvieron relacionados y dieron lugar a una curiosa historia con Plasencia como trasfondo.

La exarchivera del ayuntamiento Esther Sánchez Calle recoge lo ocurrido en su libro Arca de tres llaves (volumen II) Legajos y manuscritos de Plasencia, publicado por la Asociación Cultural Trazos del Salón, con el patrocinio del ayuntamiento, dentro del epígrafe titulado Historias de personajes curiosos.

La frustrada fuga de Carlota Freda

Uno de ellos fue Carlota Freda, ahijada del X Marqués de Mirabel, Antonio María Fernández de Córdoba, que protagonizó una fuga de película en mayo de 1813, posteriormente frustrada y sin final feliz.

Explica la archivera que la Revolución Francesa y el ascenso al poder de Napoleón trastocaron el orden europeo vigente hasta entonces, y en España, "tras una alianza inicial con el emperador, desembocó en un conflicto armado, al producirse la invasión bajo el señuelo de estar las tropas francesas de tránsito hacia Portugal". Era la época de la Guerra de la Independencia.

Por aquel entonces, Plasencia y su distrito, "además de sufrir el hambre y la miseria generalizada, tuvieron que soportar unos ingentes suministros a las tropas, tanto a las francesas como al ejército aliado luso- británico y al español".

Esto ocurría porque los ejércitos al desplazarse, "cuando recalaban en alguna población, sus habitantes estaban obligados a cobijar y alimentar a los soldados, para lo que existían unas normas, de forma que los soldados rasos se alojaban en las casas del pueblo llano, mientras que los oficiales eran hospedados en las casas de los comerciantes y la nobleza".

La llegada de 3.000 hombres del ejército inglés

Así, el problema que supuso para el ayuntamiento placentino el avituallamiento de las tropas y su alojamiento se vio incrementado en abril de 1813 con la llegada de 3.000 hombres de la brigada del general John Bingt. Según relata Sánchez, los oficiales tuvieron que alojarse "en las casas más principales de la ciudad", una de las cuales fue el palacio del Marqués de Mirabel, que entonces habitaban sus allegados y sirvientes porque él se encontraba refugiado en Andalucía.

Entre ellos, estaba Carlota Freda, de 22 años y ahijada del marqués. Según una documentación hallada en el legado de Miguel Sánchez-Ocaña, donada al archivo municipal de Plasencia, el 20 de mayo de 1813, el juez Bernardo Rodríguez del Toro firmó una requisitoria para la "búsqueda y recogida de Carlota Freda", que se había fugado del palacio con un oficial inglés.

En el documento se define a Carlota como de estatura pequeña, pelo y ojos negros y con una cicatriz en la garganta. Dice el documento que había salido de la ciudad "falseando la llave de la casa morada del señor marqués de Mirabel" y señala que había "grandes fundamentos para creer que ha sido seducida y auxiliada por el señor mayor del regimiento número 57 de infantería británica".

La búsqueda de la ahijada del Marqués

Fue el ama de gobierno del Marqués de Mirabel quien informó de su fuga y pidió al juez que librara "oficio requisitorio" para detener a Carlota en cualquier punto en que se hallara, con el objeto de "impedir su total perdición". El juez exhorta a "recoger" a la joven y depositarla en "una casa honesta" y también pide que se le informe para que alguien acuda a pagar su "manutención y custodia y se la conduzca a la ciudad".

Otro documento que indica la archivera, datado en Aldeanueva del Camino, señala que el oficio llegó hasta el general Bingt , que respondió que no tenía facultades para obligar a la joven a que regresara al palacio placentino si no era voluntad suya. Lo que ella le dijo a un criado del mayor fue que no quería regresar.

Ingresada en el convento de la Encarnación

Sin embargo, señala la archivera que al final no pudo continuar su fuga y fue ingresada en el convento de la Encarnación de Plasencia con otras muchas protegidas del Marqués de Mirabel. Subraya Esther Sánchez que al marqués no le gustó la fuga de su ahijada porque así quedaba patente en la correspondencia que mantuvo con su administrador en Plasencia, Ventura Delgado.

En una carta de agosto de 1813, tras dar instrucciones sobre las rentas de su marquesado, pasó a tratar este asunto, "reprochando al ama y a Ventura Delgado el poco o ningún cuidado que habían tenido". En otra carta del 4 de septiembre de 1813, el marqués dice que, si el ama hubiese cerrado todas las puertas y dormido en la misma habitación que la joven, no habría ocurrido nada.

La crianza en un convento, pero no para monjas

En esa misma carta, el marqués transmite su interés por el "acogimiento de muchachas de desamparadas" y, de hecho, el incidente de Carlota Freda desencadenó el traslado de las chicas al convento de la Encarnación de Plasencia, que estaba bajo su patronazgo. Por este motivo, envió otra carta ese mismo día "a la priora del convento, dando instrucciones sobre las pupilas que tenían que acoger".

Dice, entre otras cosas, que no quiere que estén en poder de ninguna "zalamera y sí de persona que las enseñe a todo, empezando desde la cocina". Pide que se pongan al cuidado de una religiosa y que debe hacer "que se levanten al igual que la comunidad, asistan a la cocina, frieguen, laven y sepan todo lo correspondiente al manejo de una casa. También, que sepan leer castellano y nada de latín porque no las cría para monjas".

El colegio de huérfanas de San José

El X marqués de Mirabel falleció en el año 1845, soltero y sin descendencia. La archivera explica que, tras la iniciativa de llevar a sus acogidas al convento de la Encarnación, de las Dominicas placentinas, estableció en su testamento una serie de cláusulas fundacionales para la creación de un colegio de niñas huérfanas.

Posteriormente, su sucesor en el marquesado, Pedro de Alcántara Fernández de Córdoba y Álvarez de las Asturias-Bohorques, solicitó en 1848 a las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos que se hicieran cargo de la fundación y, en 1849, llegó la madre Bonnet con otras monjas para poner en marcha el proyecto, abriéndose el colegio de San José de Plasencia en el año 1849.

Una educación que aún hoy continúa

Esther Sánchez explica en su libro que, en el contexto de la España de entonces, de insuficiencia en la educación femenina, la decisión del marqués de Mirabel, provocada en principio por la fuga de Carlota Freda, "vino a suponer un pequeño refugio ante la carencia educativa" y ya, al final de sus días, "le llevó a dejar los fondos necesarios para la constitución de un colegio de niñas huérfanas".

En suma, lo que comenzó como un romance entre una joven y un militar inglés, que enfadó al Marqués de Mirabel, fue el germen de su mayor obra social, la acogida de niñas huérfanas para darles una educación y de un colegio que aún hoy continúa ejerciendo la labor educativa.

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