Hostelera emprendedora
Leire Muñoz: de crecer entre barras a liderar cuatro negocios hosteleros en Plasencia
Con tres hijos, la empresaria compagina la dirección de cuatro negocios hosteleros en Plasencia, apostando por la cocina casera y el producto extremeño
Fotogalería | Las imágenes de los cuatro negocios de hostelería en Plasencia de Leire Muñoz / Toni Gudiel

Leire Iluminada Muñoz Sánchez, "nacida y criada en Plasencia", como ella dice, y madre de tres hijos, dirige actualmente nada menos que cuatro negocios de hostelería en la ciudad.
Después de una etapa de trabajo en Salamanca y Ávila, regresó hace seis años a Plasencia y, en plena pospandemia, comenzó a hacerse cargo de un bar, al que siguieron los otros tres, una red que ha ido levantando con ayuda de su pareja y su equipo en puntos totalmente distintos, de San Miguel a Dolores Ibárruri, pasando por la circunvalación sur y, más recientemente, la avenida del Valle.
Una niña criada entre bares
Leire afirma que se ha criado "entre bares". Su padre, Gregorio, trabajó siempre en hostelería, pasó por una discoteca, Clícia, y tuvo durante años el bar La Nueva Barra. Aquella familiaridad con la barra y el trato al cliente marcó el camino de esta placentina de 48 años, que lleva más de media vida en un sector que, reconoce, "me gusta mucho".
Su aprendizaje profesional, sin embargo, lo hizo fuera. A los 21 años se marchó a Salamanca para estudiar, pero terminó quedándose a trabajar. Entre Salamanca y Ávila, aprendió realmente el oficio: camarera de comedor, de barra, discoteca, pub y servicios de distinto tipo. "He tocado todos los palos", resume.
A Plasencia regresó hace seis años. Poco después, se incorporó de lleno a Los Cerezos, que llevaba su actual pareja y es el primer bar de esta etapa, y después fue sumando nuevos locales: Ruta Gata, El Mirador y, desde hace algo más de dos meses, El Cordero, el último proyecto que ha abierto junto a Santiago Martín.

Leire Muñoz, con su pareja, Santiago Martín, ante El Cordero, en Plasencia. / Toni Gudiel
Cuatro negocios con públicos distintos
Los Cerezos, situado en la zona de la gasolinera del mismo nombre, en la circunvalación sur, fue el punto de partida. Es un bar con clientela diversa, de barrio, gente de paso y vecinos de otros puntos de la ciudad. Allí trabajan dos personas y se ofrecen pinchos, bocadillos, raciones y también menú.
Entre la plantilla destaca Moisés Vargas Pardo, de 20 años y etnia gitana. Lleva más de un año trabajando y sus jefes lo definen como "uno de los mejores camareros". Él afirma que está "muy a gusto y muy bien, me suelo llevar bien con la gente" y destaca también la buena relación con Leire y Santiago: "Son como amigos".
Después llegó Ruta Gata, en San Miguel, frente al instituto. Leire lo define como un local más orientado a tapas, raciones y bocadillos, condicionado por un espacio más reducido para comedor. También cuenta con dos trabajadores y funciona como un bar de barrio, con terraza y movimiento diario.
El tercer negocio fue El Mirador, en Dolores Ibárruri, una zona donde vio margen para abrir otro establecimiento. Su público principal está vinculado a los funcionarios de los edificios múltiples, la Cámara de Comercio y a trabajadores del entorno. Por eso, adaptó el horario al movimiento de la zona: abre por la mañana, cierra a las ocho de la tarde y no funciona los fines de semana ni festivos.
El Cordero, su nuevo restaurante
El último paso ha sido El Cordero. Leire explica que conocía el local porque había trabajado allí muchos años antes, cuando tenía el mismo nombre, que después fue cambiando en función de sus propietarios. Al verlo de nuevo disponible, le atrajo la ubicación y decidió recuperar el nombre.
El Cordero mantiene servicio de barra, tapas y menú diario, pero nace con vocación de restaurante. Abre desde las siete de la mañana y la intención es reforzar los fines de semana cuando avance la temporada de terraza. La plantilla fija ronda las cuatro personas, aunque con extras puede llegar a seis.
La especialidad de la casa está en el propio nombre. Leire pone de ejemplo los platos de caldereta, cordero en salsa e incluso pinchos de cordero. La cocina, destaca, es casera, con menú diario de 14,50 euros entre semana y menú de fin de semana de 18 euros, además de carta.
Producto extremeño y comida casera
Aunque cada local tiene su perfil, Leire intenta mantener una línea común. En sus bares, trabaja con productos extremeños y con elaboraciones típicas como las migas, los huevos rotos, los morros a la plancha, la tortilla de patatas o la de calabacín.
Señala que la apuesta por lo casero exige más tiempo de cocina y organización, pero la hostelera no duda de que el cliente lo nota. En El Cordero, además, está todavía ajustando la carta, las tapas y la dinámica del restaurante, porque el negocio acaba de arrancar y necesita encontrar su propio ritmo.
Formar a quien empieza
En cuanto al personal, Leire reconoce que la hostelería atraviesa un momento complicado. Aun así, defiende que también hay que enseñar a quien llega sin experiencia. Por eso, acoge a alumnos en prácticas del instituto Sierra de Santa Bárbara, para darles una primera oportunidad.
"Al que no sabe, se le enseña", sostiene. Lo dice porque a ella también le dieron esa oportunidad cuando empezó. A partir de ahí, añade, cada persona debe decidir si aprovecha o no esa puerta de entrada a un oficio exigente.
En sus negocios, hay trabajadores jóvenes y otros con más recorrido. Lamenta, eso sí, que algunas incorporaciones duran poco y ha visto casos de todo tipo, desde quien pide trabajar sin dar de alta porque ya cobra una paga superior a 1.200 euros, hasta quien "duró medio turno" o quien "solo trabajó un mes porque nos dijo que quería comprarse un móvil y luego se fue". Leire asume esa dificultad como parte del día a día, pero apunta que el oficio requiere actitud, paciencia, capacidad para tratar con personas muy distintas y "te tiene que gustar".
Madre de tres hijos y empresaria
A ella le encanta, a pesar de que la conciliación con la vida familiar no siempre es sencilla. Leire tiene tres hijos, el pequeño de solo 11 años. Admite que la hostelería resta tiempo "propio y familiar", pero ha conseguido organizarse con encargadas y trabajadores de confianza en cada local. Si surge un problema, la llaman y se desplaza.
No obstante, su jornada no termina cuando baja una persiana. También hay "compras, pedidos, reparto de productos" entre bares, carga y descarga del coche y supervisión de lo que falta en cada establecimiento. Desde que abrió El Cordero, reconoce que apenas ha descansado porque quiere estabilizar el negocio y cerrar una plantilla fiable.
Aun así, no reniega del oficio. "La hostelería tiene que gustar", insiste. Para ella no es un mal trabajo, pero exige moverse, aguantar y asumir que "cuando otros están disfrutando, el hostelero trabaja". Quizá por eso, cuando se le pregunta por la posibilidad de asumir un quinto negocio, no lo descarta del todo, aunque ahora prefiere consolidar el último.
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