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Historia hostelera

El Español, el bar-restaurante de Plasencia que lleva más de un siglo mirando a la Plaza Mayor

La familia Valencia tomó las riendas del establecimiento en 1975 y la tercera generación empuja ahora una nueva etapa con más cocina, platos para todo tipo de clientes y el mismo trato cercano de siempre

Vídeo | Habla Álvaro Valencia, tercera generación del bar Español, que lleva más de 100 años en la plaza Mayor de Plasencia

Toni Gudiel

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Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

Es un emblema de la plaza Mayor de Plasencia y del sector hostelero en la capital del Jerte, no solo por los años, más de un siglo, que lleva de trayectoria, sino también por la familia Valencia, que lo gestiona y va ya por la tercera generación. El Español es uno de los establecimientos hosteleros más antiguos del corazón placentino, con barra, terraza, salones, periódico en papel y clientes que siguen entrando casi como quien vuelve a casa.

La historia familiar empezó en 1975, pero el nombre del local venía de mucho antes. Hoy, con Álvaro y Alfonso Valencia incorporados al negocio junto a su padre, Emilio, y Raquel Crespo, pareja de Álvaro, han logrado un equilibrio que les ha permitido afrontar otra transición sin romper con lo que les caracteriza, su cocina popular, el trato directo al cliente y una oferta capaz de encajar tanto con una caña rápida con picoteo como con una cena más elaborada.

Al menos desde 1905

El Español figura como tal en Plasencia al menos desde principios del siglo XX. Según explica Emilio Valencia, en la primera inscripción localizada en el archivo municipal aparece como un "despacho de café" y data de 1905. La familia Valencia no entró en el negocio hasta siete décadas después, pero heredó un local que ya tenía vida propia en la Plaza Mayor.

Antes de hacerse cargo de este negocio, José Antonio Valencia y Pachi Martín, habían abierto en 1968 el bar Monterrey, en la calle del Rey. Procedían de Montemayor del Río, un pueblo salmantino próximo a Béjar y llegaban además de una experiencia migrante en Suecia, donde él trabajó en un hotel, primero, y regresó después a por su mujer para volver a Estocolmo, donde nació su hijo Emilio. Dos años después, regresaron a España y empezaron a levantar su vida en Plasencia detrás de una barra.

La primera generación: José y Pachi

En 1975, José Antonio y Pachi se quedaron con El Español, donde ejercieron una forma de hostelería basada en la presencia constante, la simpatía de él y la cocina casera de ella. "La mejor forma de darte a conocer es dando calidad y servicio", resume Emilio al hablar de aquella etapa.

Destaca especialmente el papel de su madre en los fogones. Pachi hizo famosa una cocina de platos de éxito como la perdiz, los riñones al jerez o la ensaladilla. Algunas recetas han sido imposibles de imitar, otras se han adaptado y unas cuantas siguen siendo parte del ADN del restaurante. "Con la fama que tenía mi madre en la cocina, encontrar cocinero fue una cosa muy difícil", admite su hijo.

Segunda generación: el relevo de Emilio

Emilio Valencia empezó a trabajar con sus padres con 17 años y asumió el negocio en 2005, cuando ellos se jubilaron. "Me quedé yo solo aquí ante el peligro", señala, con sus hijos pequeños y un establecimiento que ya era una referencia en la ciudad. Su objetivo fue mantener la línea de sus padres, aportando también nuevas ideas, pero sin perder la esencia del Español.

Uno de los momentos más difíciles llegó con la pandemia. Con una plantilla de 26 personas, Emilio subraya que "supimos gestionar bien los ERTE" porque, cuando las restricciones empezaron a relajarse, recuperó progresivamente al personal y el servicio con una carta reducida, tras haber probado también con la comida a domicilio. "Fuimos rescatando a la gente", explica Emilio, que considera que aquella gestión les permitió llegar a la normalidad sin perder el equipo.

Tercera generación: sus hijos en el negocio

La tercera generación llegó con Álvaro Valencia, de 27 años, incorporado al negocio en 2023. Estudió Cocina y Gastronomía en el IES Santa Bárbara de Plasencia y, después, completó en Madrid su formación en Dirección de Cocina y Dirección de Sala. Trabajó en un hotel de cinco estrellas y, durante años, no dudó en utilizar vacaciones y la feria para volver a Plasencia y echarle una mano a su padre.

El regreso acabó siendo definitivo. Álvaro afirma que volver de Madrid a Plasencia ha sido "la mejor decisión de mi vida". Llegó con intención de meterse más en cocina, pero ha terminado ocupando un papel muy visible en sala, donde se mueve entre clientes, servicio y organización. "Una buena formación hace que veas el trabajo de otra manera", sostiene.

Su aportación, dice, pasa por la profesionalidad y por reforzar el trato a los clientes. "Intentamos que se sientan lo más en casa posible", explica. Esa idea vale tanto para quien se queda en la barra hablando un rato con un españolito, como para una familia que sube a comer al salón o para visitantes que llegan por primera vez a la Plaza Mayor y buscan una referencia local. Además, su padre destaca de él su don de "relaciones públicas" con todos.

Una familia detrás de la barra

El relevo no se ha limitado a Álvaro porque su hermano Alfonso Valencia, de 25 años, también se ha incorporado al negocio y trabaja en la barra. Ha estudiado Informática y ADE y, aunque "decía que esto no le gustaba", ha terminado encontrando un sitio propio en la hostelería familiar. Según Emilio y Álvaro, tiene gestos de su abuelo José Antonio, mientras ellos han salido más a la abuela Pachi.

También forma parte del día a día Raquel Crespo, pareja de Álvaro y en unos meses su mujer, dentro de un equipo en el que la familia tiene un gran peso, pero donde la plantilla profesional es imprescindible. El reto está en equilibrar esa cercanía heredada con una organización más moderna, capaz de sostener volumen de trabajo, nuevos perfiles de cliente y una oferta más amplia.

Una cocina para todos los bolsillos

Así, la cocina actual del Español es casera y combina platos clásicos, con la barra, un menú del día para los días de diario -salvo los miércoles que cierran- y una línea más cuidada para quienes buscan una comida o una cena con más recorrido. En la carta aparecen la perdiz, el cochinillo asado, la jeta, los torreznos de Soria, el bacalao y el rodaballo entero al horno. En los postres, Álvaro resalta la torrija con helado de vainilla, la floreta con helado de leche merengada y la tarta de queso al horno con helado de frambuesa.

Además, la barra mantiene uno de sus símbolos: los españolitos, pequeños bocadillos tostados que llevan más de dos décadas funcionando. Los más vendidos son los de "pechuga de pollo con alioli, solomillo con pimientos y papada ibérica a baja temperatura", explica Álvaro. También hay raciones como las croquetas, las puntillitas, la jeta asada, los bastones de presa al teriyaki o las gambas al ajillo al estilo de la abuela Pachi. Lo que tampoco pueden faltar son sus famosas palomitas, ensaladilla sobre una corteza que, en sus inicios, no era fácil de conseguir.

Esa amplitud explica la filosofía que defiende la familia. El cliente puede entrar a matar el hambre con una cerveza, media sartén de huevos rotos y un españolito por 13,50 euros, o sentarse a una cena más elaborada, e incluso pedir una botella de vino de 60 euros. Porque, en los últimos años, han incorporado vinos mejores e incluso el famoso champán Moët & Chandon. "Intentamos que todo el mundo se sienta a gusto", resume Álvaro hijo.

Plantilla y espacios

Respecto a la plantilla de El Español, es una de las más amplias en la hostelería del centro de Plasencia. Cuenta actualmente con 26 trabajadores, 9 habitualmente en cocina. El horario amplio obliga a una estructura capaz de atender desayunos, comidas, tardes y cenas sin perder el ritmo. En este sentido, Emilio celebra que hayan cambiado las costumbres y que, de trasnochar se haya pasado a disfrutar del tardeo. Además, destaca que, tras la pandemia, ha notado que "la gente tiene muchas ganas de salir" y aprovechar cada momento.

Para atender a toda la clientela, el establecimiento también ha ido ganando espacios y, además de la barra, dispone de un salón privado, otro que mira a la plaza Mayor, el salón del antiguo Rialto, mesas altas en otro espacio entre la barra y el salón más grande, zona de heladería y una amplia terraza autorizada para unas 30 mesas. En total, El Español tiene capacidad para unas 250 personas.

Mirar adelante con confianza

No hay duda de que el futuro del Español está asegurado. A Emilio todavía le quedan años para jubilarse y sus hijos han iniciado una etapa que ha añadido ideas y conceptos nuevos sin perder la esencia de lo que han hecho su padre y sus abuelos. Todo con una premisa común, que los clientes, a los que solo pueden dar las "gracias", se sientan "lo más en casa posible".

Emilio lo explica así: "Al igual que mi padre confió en mí, yo ahora tengo plena confianza en mis hijos". No cabe duda de que, además, se han ganado la de los clientes, también de varias generaciones.

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